El pasado 28 de marzo de 2026, en Librería El Candil, en Ponce, se llevó a cabo la presentación de El malestar en la colonia: Ensayos sobre política y la crisis puertorriqueña (2007–2025), a cargo de la Dra. Alixida Ramos-Pibernus. Compartimos sus palabras y agradecemos profundamente su generosidad intelectual, su lectura crítica y su acompañamiento en este espacio de reflexión.
Mi preparación es en Psicología Clínica, pero me identifico como investigadora social. En ese sentido, no ejerzo o me acerco a la profesión desde su rol más tradicional enfocado en la psicoterapia. Cuando César me pidió que presentara este libro con él, pues, como pueden ver, le dije que sí, pero luego me puse a pensar desde dónde me acerco a este libro. Creo que la respuesta es desde mis múltiples roles como investigadora, psicóloga, independentista y partícipe en alguna de esas luchas, así que, inevitablemente, también desde la experiencia y mis ideales.
Curiosamente, aunque muchas veces digo que no me identifico como psicóloga, cuando leía a César y trataba de interpretar, o quizás responder, a la interrogante: ¿por qué el pueblo no se revela? Fueron algunos conceptos de la psicología los que me llegaron como posibles hipótesis adicionales a las que plantea César. También, en el ejercicio de prepararme para esta presentación, estuve dialogando con amistades, colegas y mis estudiantes sobre algunos puntos. Y esto, aunque no planificado, también fue iluminador, ya que esas hipótesis se iban materializando en esas conversaciones. Me voy a dejar de rodeos y voy a comenzar por resumir los puntos que se me quedaron del libro. Luego de eso compartiré mis reacciones conceptuales alrededor de tres puntos claves.
En esta compilación de ensayos que parten de datos históricos, observaciones vividas y análisis desde diferentes marcos, César formula una serie de planteamientos y cuestionamientos sobre por qué el pueblo no se revela. A su vez, plantea que la colonia está atravesada por una crisis máxima, la crisis de la crisis lo que nombra la metacrisis. Al leerle me quedé con estos puntos:
- César va identificando contradicciones a lo largo de sus ensayos de carácter variado, incluidas las de otros autores (como, por ejemplo, Ramón Grosfoguel), así como las contradicciones del Puerto Rico contemporáneo.
- Nos habla del fascismo societal y cómo se ve reflejado en las políticas de austeridad que incluyen la reducción del gasto público, precarización del trabajo, énfasis en el esfuerzo individual, la ley y la reforma laboral, la represión de la protesta social, PROMESA, entre otros ejemplos. En fin, la precarización de la vida en general en la colonia.
- El neoliberalismo y el neoliberalismo colonial, que se vienen desarrollando desde la década de 1980, como una expresión postindustrial. Esto está principalmente perpetuado y fomentado por el bipartidismo, que se traduce en una “intensificación feroz” de la violencia colonial, materializada en la precarización de todos los órdenes sociales de la vida puertorriqueña.
- Los efectos de la colonia bajo el bipartidismo y de las políticas neoliberales coloniales, que han llevado a la precarización de nuestra economía mediante la privatización de bienes públicos y sociales.
- La “metacrisis” que, según César, provee terreno fértil para potenciar un cambio, ya que las condiciones actuales en las que estamos sumidos en la colonia no son sostenibles, por lo que o se fuerza un cambio o caeremos en una “crisis humanitaria”.
- La pérdida de nuestra soberanía, aquella establecida en la Constitución de Puerto Rico con la aprobación/imposición de la Ley PROMESA y la Junta de Control Fiscal.
- Identifica todas las formas de violencia neoliberal colonial en el manejo de los desastres naturales como lo fueron el Huracán María y la pandemia de Covid-19.
- Resalta las luchas y rebeliones boricuas, como la gesta en torno a Vieques, las huelgas universitarias de 2010 y 2017 y el verano del 19.
- También plantea, como solución potencial ante la “metacrisis”, la transición ordenada hacia la independencia de Puerto Rico.
En definitiva, estos puntos no recogen todos los planteamientos que hace César en sus ensayos. Los demás se los dejo para que los descubran al leer el libro. Sin embargo, fueron esos puntos los que se quedaron conmigo. En lo que todavía pienso y reflexiono con la intención de seguir entendiendo por qué estamos donde estamos y cómo es que llegamos hasta aquí…y también cómo salimos de este hoyo.
Ahora pasaré a mis tres puntos clave:
- Primero, el analfabetismo político generalizado (que puede entenderse como el desconocimiento o la indiferencia en los asuntos políticos, incluida la baja participación electoral, la falta de cuestionamiento crítico a las campañas enfocadas en el miedo y la desinformación, y la ignorancia en los procesos políticos cotidianos) que se transmite de generación en generación se vuelve cada vez más presente o evidente. Desconocimiento de nuestra historia, sobre todo de nuestra historia de lucha y resistencia. Esto está vinculado al desmantelamiento del sistema educativo, al cierre de escuelas, al aumento de la matrícula de la UPR, entre otros procesos. Creo que muchas veces vivimos en una burbuja que funciona como un mecanismo de defensa. Está pasando tanto, al mismo tiempo, que puede resultar abrumador pensar cómo meterle mano a la cotidianidad; por eso, la desconexión social termina convirtiéndose en una opción. No creo que, en términos generales, estemos plenamente conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor o, en el mejor de los casos, las noticias se consumen en forma de chisme, espectáculo o parodia política. De ahí, por ejemplo, la baja participación electoral: de alguna manera se ha perdido aquella sensación de urgencia de “hacernos sentir en las elecciones”.
- Me gustó mucho la alusión que hace César a la popular canción de Bad Bunny “lo que le pasó a Hawái”, pero para invitarnos a pensar en que deberíamos estar hablando de lo que le pasó a Puerto Rico en 1898. No conocer nuestra historia nos lleva inevitablemente a repetirla, y tener un mal recuento de esta historia, que es aún más común, nos lleva a la desesperanza o a la indefensión aprendida.
- La desesperanza o indefensión aprendida (Martin Seligman) es un estado psicológico en el que una persona o grupo aprende a ser pasivo y siente que no tiene control sobre su entorno tras experiencias repetidas de aversión incontrolable. En contextos colonizados, podríamos decir que la desesperanza puede entenderse como un trauma colectivo en el que el sujeto colonizado, tras sufrir dominación y abusos estructurales, como las políticas neoliberales coloniales, adopta una postura pasiva bajo la creencia de que su situación es incambiable. Esto genera dependencia de la metrópoli, baja autoeficacia o ese sentido de no tener las herramientas para poder hacer algo o poder defenderme y, por ende, sumisión social.
- Esto también ha sido nombrado fatalismo latinoamericano (Martín Baró) que plantea que el fatalismo es una ideología impuesta que lleva a los pueblos a aceptar la resignación, la sumisión y la pasividad ante su destino, creyendo que no pueden cambiar su realidad desdichada. Se considera un mecanismo de adaptación ante condiciones de pobreza y violencia estructurales que perpetúan el orden social.
- Traigo esto no para decir que estamos en un estado inamovible, ya que César trae en sus ensayos múltiples ejemplos de rebeliones, como la del verano del 19, en la cual me quiero detener un poco.
Me pregunto si el verano del 19 fue verdaderamente una derrota, quizás me siento más cómoda con la idea de tarea inconclusa. Lo que unió en palabras de César “forma-multitud” en ese verano fue un deseo de exigir respeto, y el consenso en ese momento fue que se obtendría en tanto y en cuanto el entonces mandatario Ricardo Rosselló renunciara a su puesto como gobernador de PR. A coro esa fue la exigencia, en pleno, esa fue la determinación: “Ricky renuncia”. El “y luego qué” se dejó como un problema para después. En la euforia del momento y en plena consciencia, esa no era la pregunta que nos movía a marchar, al perreo combativo (que, como mencionó su mentor, “es necesario pero no suficiente”), a paralizar el expreso, a exigir.
Menciona César, en otro de sus ensayos sobre el verano del 19, que algo que aconteció fue la falta de figuras líderes fácilmente identificables. Eso, aunque en su momento cumplió su propósito, redujo protagonismo y permitió que todos los “cuerpos” y la diversidad de movimientos, con distintos ideales, nos sintiéramos parte; quizás fue también la consecuencia de la “tarea inconclusa”. La falta de liderazgo posverano del 19 contribuyó a que no viéramos otros efectos de ese verano del 19 que cambiaran nuestra realidad actual. ¿Quedan residuos rescatables de esa rebelión para producir cambios políticos ahora?
Dialogando con una de mis estudiantes, llego al tercer y último concepto que quiero traer, que es el efecto espectador (bystander effect), el cual supone una difusión de la responsabilidad y, por tanto, inhibición a la hora de actuar. Ella me decía que luego del verano del 19 “nos quedamos esperando que alguien nos dijera qué era lo próximo que había que hacer”. Luego de que se cumplió el propósito y presenciamos la renuncia de Ricardo Rosselló, ¿a quién/quiénes les tocaba darle continuidad a la rebelión? ¿Cómo podíamos mantener activa esa chispa, esa “furia”, como la nombra la comunidad trans? César nos menciona que los movimientos de izquierda no aprovecharon esa oportunidad. La falta de liderato político y de acción de los grupos de izquierda, que resalta César, hizo que, al igual que en el ciclo de la violencia doméstica, repitiéramos patrones. Continuará ganando el bipartidismo, claro está, cada vez más debilitado y con menos participación electoral, y esto último quizás por la idea (desesperanza/fatalismo) de que las cosas no van a cambiar y, como hemos visto, todo cambia, todo sigue igual.
En fin, sí, como colonia tenemos malestar, un trauma, pero esas heridas pueden sanar y requieren soluciones colectivas y sociales, no individuales. Tenemos que atacar la causa de las causas, que en estos ensayos se reconoce claramente como las políticas neoliberales. Tenemos que colaborar e integrar saberes (individuales y sociales) para poder organizar esa indignación, ese malestar y entonces generar una ruptura con el actual orden político-colonial.
