Comparto la segunda parte de esta serie sobre la Universidad de Puerto Rico, publicada con motivo del primer aniversario de Plan B: Independencia. Mientras la primera parte analiza las causas históricas y estructurales de la crisis universitaria, esta segunda propone una ruta alternativa: una universidad al servicio de la reconstrucción nacional en un Puerto Rico soberano. Las propuestas aquí desarrolladas se desprenden del Plan Nacional de Desarrollo Económico para un Puerto Rico Soberano e Independiente y del borrador de Orden Ejecutiva para iniciar una transición ordenada hacia la independencia, elaborados por Plan B: Independencia como parte de su agenda de investigación y acción. (planbindependencia.org)
La Sociedad puede realizar la perfección relativa por medio de su potencia pedagógica. Cuando ha organizado su educación común en modo que realice todas sus funciones por medio de cuantos órganos sea necesario, el mejoramiento del ser humano, en lo físico y en lo psíquico, como fuerza bruta y como fuerza inteligente, como individuo humano y como elemento social, es consecuencia tan natural, que impensada é insensiblemente se va produciendo el perfeccionamiento social.
Eugenio María de Hostos
La educación es un puente importante que conecta los corazones de los pueblos y fortalece la amistad entre los países. Es una causa noble que beneficiará no solo a la generación presente, sino también a muchas generaciones por venir. Mientras los cambios sin precedentes en un siglo se aceleran en el mundo, debemos fortalecer el intercambio y la cooperación educativa para impulsar la innovación y el desarrollo sostenible. Estudiantes, profesores, amigos: cuando la educación prospera, el país prospera; cuando la educación es fuerte, el país es fuerte.
Xi
1.
La crisis actual del régimen colonial ha generado condiciones económicas y sociales que vuelven estructuralmente inviable la Universidad de Puerto Rico (UPR). La austeridad, la caída demográfica y poblacional, la proletarización estudiantil, la precarización del personal docente y la camisa de fuerza que PROMESA impone al presupuesto de la institución no son meros accidentes administrativos, sino consecuencias de un modelo de subdesarrollo que, en su fase actual, ha hecho de la crisis –que se vive como una secuencia recurrente de shocks– un dispositivo permanente de gobierno. La causa de la crisis en la UPR supera sus estrechas fronteras institucionales porque actualmente hay una serie de elementos estructurales que condicionan, y amenazan, su propia existencia: dependencia económica; subordinación fiscal a PROMESA; transferencia desigual de valor en el que se externaliza nuestra riqueza, incluyendo la fuga de cerebros; austeridad colonial sometida a los dictados del Congreso de Estados Unidos; y las prioridades internas y externas del imperio, en su etapa de declive, son distintas a las necesidades y al interés nacional de los puertorriqueños.
Esto se suma a otro elemento importante que no debemos dejar fuera del análisis: la contradicción que genera el colonialismo interno, por aquello de recurrir al concepto desarrollado por el sociólogo Pablo González Casanova. Me refiero a la lucha de clases al interior de la colonia; a la guerra social y económica que mantienen las élites económicas y políticas intermediarias contra el pueblo, en la que solo buscan hacer valer los privilegios que les garantiza el régimen colonial; a la precarización, al apartheid social y a la violencia racializada al interior de la colonia. Todo ello se evidencia en el hecho de que Puerto Rico, según el coeficiente Gini de 2021, se situó como el segundo país más desigual del mundo, solo superado por Colombia.
En fin, las circunstancias actuales hacen de la actual fase del modelo colonial una fase necropolítica porque, en su fase actual, está montada sobre las premisas del dejar morir. Hoy ese modelo colonial no puede sostener una UPR “robusta” porque no necesita de un proyecto nacional puertorriqueño.
2.
La vigencia de la UPR como una institución de carácter popular deberá surgir de las contradicciones actuales y de la lucha por construir, mediante el ejercicio pleno de la soberanía política y de la independencia, un modelo de desarrollo capaz de dar paso a una institución universitaria al servicio de un nuevo proyecto de nación.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando se han agotado las peripecias que intentan gestionar o, meramente, administrar la crisis y la dependencia económica? ¿Qué significa que la única vía para romper el ciclo vicioso de la crisis consiste en emprender un proceso de reconstrucción y refundación económica, social y espiritual del país mediante un nuevo proyecto de nación y soberanía?
Ante el actual momento histórico, el Plan Nacional de Desarrollo Económico para un Puerto Rico Soberano e Independiente de Plan B: Independencia (en adelante, PNDE) se presenta como un intento preciso de articular una transición ordenada hacia la soberanía mediante la reconstrucción de las capacidades productivas, científicas, institucionales y sociales del país. Este plan fue presentado hace un año por parte de Plan B como una iniciativa que proponía —y todavía propone—, la aprobación de una Orden Ejecutiva decretada del Presidente de Estados Unidos para reconocer la soberanía de Puerto Rico e iniciar un proceso de transición hacia la independencia a través de dos fases fundamentales: 1) la primera enfocada en la negociación con el gobierno estadounidense para establecer los términos y condiciones del proceso de “transición estable, inclusiva y dinámica hacia la soberanía y el desarrollo nacional [en la que] Puerto Rico establecerá un marco institucional robusto que fomente una verdadera sinergia entre el gobierno, el sector privado y las instituciones académicas. Estas instituciones formarán la columna vertebral del nuevo sistema de gobernanza económica…” (p. 14). Y 2) la segunda orientada a la implementación del “Plan Nacional de Desarrollo Económico (PNDE) y garantizar la prosperidad del país a largo plazo” (p. 14).
El PNDE —que, en el fondo, constituye un proyecto de refundación nacional orientado a impulsar un nuevo Puerto Rico— no deja de lado, bajo ningún pretexto, a la UPR. Por el contrario, la ubica entre los componentes más importantes y estratégicos del proceso de reconstrucción nacional. El Plan Nacional establece explícitamente, como uno de sus objetivos centrales, “fortalecer la investigación y el desarrollo nacional, a través de la Universidad de Puerto Rico” (p. 6). Más aún, plantea que la transformación económica del país requiere “implementar políticas económicas soberanas en comercio, tributación, industria, migración y educación” (p. 6), reconociendo la educación superior pública como parte de la infraestructura estratégica necesaria para la soberanía.
La independencia no se instaura a través de un único acto, sino mediante luchas, complejos procesos de negociación, planificación institucional, producción de conocimiento y diálogo permanente con el país: “El camino de Puerto Rico hacia la soberanía debe comenzar con el establecimiento de instituciones sólidas capaces de gestionar la política fiscal, la tributación y el comercio de manera independiente” (p. 14). En ese contexto, la función de la UPR incide directamente en las condiciones mismas de la transición, particularmente en los procesos de negociación y diseño institucional que deberán sostenerse con el gobierno estadounidense y otros actores internacionales, teniendo en cuenta las particularidades económicas, jurídicas, científicas y administrativas de la transición.
Por eso, el PNDE de Plan B: Independencia propone un rol activo de la universidad pública durante el proceso de transición mediante la creación de un Consejo Nacional para la Transición Económica (CNTE) (p. 14) con representación universitaria y multisectorial cuya “…función principal será guiar la implementación gradual del PNDE, asesorar sobre estrategias de alianzas público-privadas, garantizar una amplia participación social en la formulación de políticas económicas y velar por que las estrategias de desarrollo sean inclusivas y estén alineadas con los intereses nacionales. Se reunirá trimestralmente para revisar avances, proponer correcciones de rumbo y generar consensos entre todos los sectores críticos para la transición de Puerto Rico” (p. 14).
Y, por otro lado, sugiere la creación de un Laboratorio de Políticas Públicas de Puerto Rico (LPPP-PR) administrado conjuntamente entre la UPR y el Poder Ejecutivo, cuyo propósito será producir “…investigaciones aplicadas, pilotear nuevas políticas públicas y evaluar la efectividad de reformas económicas, sociales e institucionales. Al integrar el rigor académico con la formulación de políticas gubernamentales, garantizará que las políticas puertorriqueñas sean innovadoras, basadas en evidencia y adaptadas a las condiciones nacionales y globales” (p. 15).
La UPR, en ese sentido, dentro del PNDE, se ubica como un motor científico, como el espacio de un intelecto general que custodia el conjunto y la acumulación sostenida en el tiempo de saberes y prácticas científicas, sociales y culturales producidos por el pueblo y que inciden en su tejido social, en su desarrollo y en su conciencia colectiva. El PNDE atiende la grave contracción presupuestaria —articulada entre la JCF y las clases coloniales intermediarias— al sostener que el nuevo gobierno de un “…Puerto Rico soberano e independiente brindará sólido respaldo político y económico a la Universidad de Puerto Rico (UPR), reconociéndola como la principal institución pública docente y de investigación de la nación y piedra angular del desarrollo nacional”. Más adelante añade que “el sistema UPR será designado como eje principal de investigación científica, innovación y transferencia tecnológica…” (p. 11). Para ello, ciertamente, será necesario de que se restablezca la “inversión pública directa para la creación y expansión de centros de investigación, laboratorios e incubadoras de innovación en todos sus recintos” (p. 11).
Esto implica, a su vez, la promoción de la investigación energética; la investigación y las prácticas que proveen el mapa de ruta para asegurar soberanía y seguridad alimentaria; la planificación urbana; el manejo de agua; la resiliencia climática, particularmente con el gran trabajo que se realiza en el recinto mayagüezano; la inteligencia artificial; la biotecnología en diversos recintos, incluyendo el Recinto de Ciencias Médicas; la industria farmacéutica y la acumulación histórica de conocimientos y prácticas vinculadas a esta; la ingeniería marítima y aeroespacial; así como los elementos relacionados con la generación de política pública.
El PNDE sugiere la imperiosa necesidad de que, entre el el nuevo gobierno y la UPR, se prioricen las inversiones en innovación e investigación en sectores como “biotecnología, inteligencia artificial (IA), robótica, manufactura avanzada y otros, a través de la Universidad de Puerto Rico (UPR)” (p. 11) mediante “el establecimiento de construyeron ecosistemas de I+D [investigación + desarrollo] que impulsaron un crecimiento industrial acelerado y capacidades exportadoras” que siguen “el modelo [I+D] exitoso de países como Singapur y Corea del Sur…” (p. 11).
El gobierno se asociará con la UPR para lanzar iniciativas nacionales de I+D, ofrecer subvenciones competitivas y establecer alianzas público-privadas de investigación con líderes industriales, tanto nacionales como internacionales. Los investigadores y estudiantes de la UPR estarán a la vanguardia del impulso de Puerto Rico hacia la autosuficiencia tecnológica y la competitividad industrial, contribuyendo no solo al avance científico sino también a la creación de nueva propiedad intelectual, patentes, startups y empresas comerciales. Al anclar la política de innovación en el sistema universitario público, Puerto Rico asegurará que su capacidad nacional de I+D crezca de la mano de su compromiso con el acceso educativo, la excelencia científica y la soberanía económica…(pp. 11-12).
La universidad pública, mediante la elaboración de respuestas concretas a las necesidades materiales y sociales que enfrenta el país tanto durante la transición como en la reconstrucción nacional, tendrá un rol importante en la formación y capacitación de una nueva clase trabajadora: médicos y profesionales de la salud para intervenir en esos espacios vacíos y desprovistos de salud pública que dejó la privatización y la reforma de salud en la década de los noventa, y que le ha costado la vida a miles de puertorriqueños; psicólogos; urbanistas; nuevos juristas con conciencia social; trabajadores culturales; científicos sociales; administradores públicos; trabajadoras sociales, enfermeros, entre tantos otros.
También el PNDE ubica a la universidad pública como la punta de lanza para que el país genere estrategias dirigidas a frenar la fuga de cerebros, es decir, la pérdida constante de nuestro capital humano, reconociendo que sin ese intelecto general resulta imposible desarrollar un nuevo proyecto de país. “La inversión en investigación en la Universidad de Puerto Rico y otras instituciones locales generará avances tecnológicos que consolidarán a Puerto Rico como referente en industrias emergentes. Estas iniciativas ayudarán a revertir la fuga de cerebros, atrayendo profesionales de la diáspora puertorriqueña y expertos extranjeros comprometidos con una economía soberana y progresista” (p. 39).
3.
La UPR también debe considerarse como un espacio de reconstrucción cultural y espiritual del país. Esto es importante recalcar porque el propio plan reconoce que la universidad pública no solo debe promover las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) o las startups, sino que también debe complementar esa función y esa dimensión del desarrollo. De nuevo, un nuevo proyecto de desarrollo económico requiere también la reconfiguración del tejido y de la subjetividad social; es decir, de un tejido social capaz de promover la unidad nacional, el trabajo colectivo y formas de organización social y productiva que propendan al buen vivir.
La refundación del país desde un nuevo proyecto nacional de desarrollo implica, a su vez, la reconstrucción de aquellos vínculos y relaciones sociales que han sido fracturados por el neoliberalismo y el régimen colonial, particularmente durante su actual fase necropolítica: el Puerto Rico sin puertorriqueños.
La migración masiva, la separación de familias enteras, las muertes tempranas provocadas por la falta de acceso a los servicios de salud, la caída demográfica sostenida y la ausencia de las condiciones materiales necesarias para garantizar la reproducción de la vida social y biológica constituyen expresiones concretas de ese proceso de expulsión, muerte y deterioro moral. A ello hay que sumar otros elementos vitales que se entrecruzan: el sostenido aumento de la violencia callejera, intrafamiliar y entre vecinos; la violencia contra la mujer y por razón de género; la preocupante crisis en materia de salud mental; los repetidos esquemas de selectividad penal que termina criminalizando la pobreza mientras ignora la delincuencia de la corrupta clase gobernante que vive depende del régimen colonial; la persistencia de la desigualdad, con el elemento racial como uno de sus determinantes, etc. La vincularidad social, quebrada por el neoliberalismo colonial y por la fase necropolítica del modelo colonial, también requiere procesos de sanación y reconstrucción.
La UPR —y valga decir, la recomposición y el restablecimiento de todo nuestro sistema público de educación primaria, conjuntamente con las escuelas técnicas y vocacionales (p. 39)— tendrá un rol decisivo: reconstruir el valor de uso de nuestra historia y memoria colectiva, educar para fortalecer vínculos de solidaridad, producir ciudadanía y contribuir a recomponer las bases culturales necesarias para un nuevo proyecto de reconstrucción y desarrollo nacional.
En estos momentos, una universidad pública fuerte y saludable ya no puede construirse sin soberanía real. Y es importante destacarlo porque la relación funciona en ambos sentidos: no podemos desarrollar, bajo el ejercicio pleno de la soberanía, un nuevo proyecto de país sin la UPR; y la UPR, a su vez, no puede sobrevivir, enfrentar su crisis existencial, ni robustecerse financiera y estructuralmente sin ese otro proyecto de nación que solo puede desarrollarse mediante el ejercicio pleno de nuestra soberanía.
