Presentación del libro “El malestar en la colonia”: comentarios de Carlos Rivera Lugo y respuesta de César J. Pérez Lizasuain

*Lanzamiento del libro El malestar en la colonia, del Dr. César J. Pérez Lizasuain, presentado por el Dr. Carlos Rivera Lugo. Texto correspondiente a la transcripción revisada de la actividad, que incluye la presentación y los comentarios posteriores del autor. La actividad se celebró el 16 de marzo de 2026 en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. El libro se encuentra disponible en el portal de la Editora Educación Emergente.

Carlos Rivera Lugo

Quiero comenzar agradeciendo al profesor César Pérez Lizasiain por el honor que me brinda al permitirme hacer una presentación de su más reciente libro. En noviembre pasado, César, en la ciudad de Rosario, Argentina, estuvo haciendo lo mismo, pero con un libro que yo acababa de publicar, Crítica a la Economía Política del Derecho. Así que nos hemos ido alternando.

Y como es natural, a partir de una relación de años como educador y educando, donde a veces el educador que tuvo a César de estudiante se pregunta quién es el educador y quién el educando. Me pasó lo mismo con Sonia (Serrano). Son los procesos de enseñanza aprendizaje más ricos cuando uno a veces se siente que está aprendiendo tanto de los estudiantes y ojalá que uno haya contribuido a enriquecer, por lo tanto, esa capacidad para seguir enseñando a futuros maestros y profesores.

A mí me parece que, por otro lado, este es un libro que, contrario a la impresión que César me pareció dar en un momento dado, creo que sí tiene importancia. Si bien es cierto que se trata de una colección de artículos y trabajos de César, del 2007 al 2025, el mismo cubre una variedad de temas y nos presenta un marco conceptual sumamente rico. Estamos hablando de un marco temático en este libro que comienza con Betances y lo que significó lo que César se refiere como el trauma originario del 1898, al que responde el pensamiento betancino; ¡y termina el libro con Edipo Rey¡

Betances, a mí me parece que es muy importante que haya comenzado por ahí, porque ciertamente César es muy betancino en el sentido que también se pregunta, ¿cómo es que su pueblo se encuentra en esta borrachera donde se cree contar con toda una serie de libertades que realmente no tiene? ¿Y qué hace que no se rebela contra lo que realmente está detrás, está ocurriendo? Era un poco la interpelación que hace Betances en el 1898 cuando él lo que lo que ve es una recepción relativamente pasiva, relativamente defensiva de los invasores norteamericanos. Y la instauración de un nuevo régimen colonial que cambiaba de español a estadounidense.

Me parece que eso va a marcar prácticamente todas las demás páginas de este libro, es decir, ese llamado de Betances a tratar de tomar conciencia sobre cuál es la realidad que estamos viviendo dentro de la colonia puertorriqueña. Trascender las ilusiones y la falsa conciencia que se nos ha creado en torno a ésta para entonces pasar a la lucha. Es un libro que no está principalmente dedicado a presentarnos unas ideas, sino que también se plantea ser un llamado a la acción, un llamado a la militancia.

Y sobre eso seguiremos hablando más adelante. Porque si hay algo que César, desde estudiante, siempre fue, es que es una persona muy provocadora; un pensador muy provocador que no se atenía fácilmente a ninguna explicación. Todo lo cuestionaba, todo lo problematizaba y yo creo que eso lo vamos a ver traslucido a través de las páginas de este libro.

Por otro lado, hay una confesión de César desde el comienzo de este libro. Admite que inicialmente se va a notar una perspectiva un tanto posmarxista. Y, yo añado, hasta cierto punto posmoderna, que es como se describiría el momento después del colapso del socialismo real, de la Unión Soviética, la crisis del marxismo en muchos sentidos. Crisis que yo también, como marxista, viví, pasé por todo eso y que en ese sentido, curiosamente, fueron mis estudiantes, como César, como Sonia, que me ayudaron a salir de ésta. No siempre fue en la misma dirección que hubieran preferido, pero, por ejemplo, en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, nosotros en un curso llegamos a discutir completamente la obra Imperio de Antonio Negri (y Michael Hardt). Y después uno se pregunta por qué en el Tribunal Supremo de Puerto Rico se quejaban de que en Mayagüez lo que se había establecido era un nido de radicales en esa Facultad de Derecho. Porque queríamos precisamente contribuir a que lo repensáramos todo.

Era un momento histórico para repensarlo todo. Por ejemplo, y aquí me parece que es muy importante para lo que quiero ahora concentrarme en discutir: los dos conceptos que están en el título de este libro, el malestar y la colonia, lo que creo que resume, más allá de los múltiples temas que pueda haber, la provocación que nos está haciendo César con este trabajo suyo.

El título: El malestar en la colonia. Y el malestar, César nos dice que lo toma de un autor marxista, Mark Fisher, británico. Un extraordinario pensador que ahora de repente de nuevo está en boga, que hemos estado estudiando en detalle por sus perspectivas críticas de lo que fue la crisis del marxismo y cómo salir de esa crisis. Y, sobre todo, la crisis del capitalismo y cómo se nos presentan las posibilidades de una era poscapitalista, y cómo puede ser esa era. Mark Fisher parte del concepto de Freud de malestar en la cultura. El concepto de Freud sobre el malestar en la cultura es algo distinto al de Mark Fisher y al de César.

El concepto en Freud es un poco un callejón sin salida, limitado por lo que Freud entiende que es una insuperable pulsión de muerte, en que la relación con el otro o la otra se nos hace imposible. No hay manera de ser feliz en las relaciones que nos caracterizan a lo largo de nuestra vida como seres humanos.

Mark Fisher tiende a tener una visión un poco más positiva. Yo creo que tiene que ver un tanto con lo que fue también la revisión de ese marco teórico inicial del psicoanálisis bajo Freud, la cual está caracterizada por dos figuras que, a mi entender, ayudan a sacar el malestar de la cultura de ese callejón sin salida en que lo metió Freud.

Hablo de Herbert Marcuse y una obra que yo les recomiendo a todos: Eros y Civilización. En esta, él aborda este tema y, pues sí, como marxista, Marcuse entiende que hay una salida. Aunque Marcuse, luego, en otra obra, El hombre unidimensional —que estudié yo en la Facultad de Ciencias Sociales de esta Universidad [Universidad de Puerto Rico], en un curso que tomé en 1968 titulado Pensamiento Revolucionario. Me imagino que siguen dando ese tipo de cursos aquí, ¿verdad? Y en éste estuvimos estudiando el pensamiento de Marcuse, el de Frantz Fanon, el de Mao Zetung y finalmente el del Che Guevara. Fue con un español, Manuel Estades, profesor exiliado de España, que estaba aquí enseñando. Y Marcuse, en El hombre unidimensional, lo que nos plantea es que si por el vínculo con el otro vamos a entender el proletariado del que nos habla Marx en la lucha de clases, pues ese proletariado industrial, especialmente en el norte desarrollado, prácticamente está ya comprometido en ese momento con el sistema [capitalista]. Lo han logrado someter a una falsa conciencia, bajo un economicismo que prácticamente hace al proletariado aliado del capital y su Estado benefactor.

Marcuse con eso se deslindaba de lo que eran las líneas que prevalecían en esa escuela de la que era partícipe, la Escuela de Frankfurt, presidida por Teodoro Adorno y Max Horkheimer. La de estos, pues, era una teoría crítica que también era bastante negativa. Se basaba en una dialéctica negativa que negaba prácticamente toda posibilidad de transformación. Privilegiaba la negación de lo existente y no la afirmación de algo nuevo. Adorno y Horkheimer llegaron incluso a entrar en una controversia con Marcuse para cuestionarle por apoyar las rebeliones estudiantiles de 1968.

Porque mientras Adorno y Horkheimer entendían que por esa vía no había nada de revolucionario en esas nuevas generaciones, Marcuse decía lo opuesto, de que había unos nuevos sujetos que están surgiendo al margen del proletariado industrial a través de toda una serie de luchas, como lo son la de los estudiantes universitarios, como lo son la de las mujeres, como lo son las de la raza negra, y la de los pueblos coloniales que estaban levantándose en aquel momento. Él decía que ahí están los nuevos sujetos que sí tienen un interés en términos estratégicos de combatir contra el sistema capitalista actual. Pues ahí tenemos una de las vertientes de esa nueva cultura que surge más allá del malestar en la cultura, según lo expuesto por Freud.

Aunque Mark Fisher dirá que hay que tener mucho cuidado porque esa nueva cultura, la contracultura muy propia de la generación del 68 llegó solo hasta cierto punto. Si bien es cierto, y lo voy a poner en palabras de hoy, si bien es cierto que sin perreo no hay revolución, tampoco va a haber una revolución solo con perreo. Es un poco lo que Mark Fisher trata de decirnos: no basta con la contracultura, en la medida en que ésta no logró organizarse políticamente para enfrentarse al poder, pues terminó siendo también derrotada.

Pero más allá de Mark Fisher y de Marcuse, está Jacques Lacan, quien tiene un concepto diferenciado del malestar en la cultura y de todo el pensamiento freudiano, de lo que poco se sabe, porque a veces ni siquiera los psicoanalistas lacanianos hablan de estas influencias de las que da testimonio el psicoanalista francés en los últimos años de su vida. Especialmente en unos dos últimos discursos: el Discurso Capitalista y el Discurso de los Mercados.  Lacan fue conocido mayormente por cuatro discursos (Discurso del Amo, Discurso Universitario, Discurso del Analista y el Discurso sobre la Histeria) que tratan sobre los cuatro tipos bajo los cuales se estructuran los vínculos sociales en el presente y que tienden a estar bastante determinados por una dialéctica de amo y esclavo. Y a partir del Discurso Capitalista, Lacan nos dice que el capitalismo ha llegado al final de sus promesas.

Esto es después del 68, porque él le advierte a la generación mía del 68 de que debíamos tener cuidado de que, si bien pensamos que estamos rebelándonos contra el Padre, creyendo que estamos luchando contra el poder, no terminemos por crear un nuevo Padre [o dominación]. Esa fue su respuesta, sobre todo porque él entiende que efectivamente nuestra generación terminó siendo cooptada también por el capital. Que es un poco lo que pasa con toda la idea esta de saber es poder, muy propio de Michel Foucault bajo el posmarxismo, donde poco a poco nos vamos a dar cuenta que no, poder es poder, saber se convirtió en mercancía.

El capital logró normalizar nuestra rebelión, incorporándola bajo las universidades, los centros de investigación, financiando estudios, libros y para todos los fines prácticos, la revolución se convirtió en una mercancía más. El capital sacó la revolución de las calles y la encerró en las universidades. Y la revolución social que existía más allá, la del socialismo real, fue burocratizada. He ahí, en esencia, el Discurso Universitario de Lacan.

Lacan nos dice, a diferencia de Freud, que el síntoma del ser humano contemporáneo no es otro que la explotación de un ser humano por otro. Y reconoce que quien descubre ese síntoma es Marx. Aunque nos plantea que, sin embargo, cuando uno entiende que la realidad, que la realidad no es algo fácilmente apalabrable, no es algo que se pueda fácilmente simbolizar, expresar como lenguaje. Hay mucha dificultad para reflejar completamente esa realidad.

En ese sentido, pues, nos plantea Lacan que hay que entender que su reclamo de que en última instancia el problema es un problema estructural y esa estructura está tanto dentro como fuera de cada uno de nosotros. Tanto a nivel del subconsciente como a nivel entonces de la economía política, tanto como deseo y como fuerza productiva. Es así como explica la raíz de la estructura de nuestro subconsciente, de lo real según nuestro subconsciente.

Lacan nos advierte que el capitalismo pasó de un momento en que estuvo prometiéndolo todo, en que dio la impresión, promovió la idea de que con estudiar, con trabajar se puede lograr y soñarlo todo. Lo que uno quiera, que todo era posible, la movilidad social, etcétera, pero eso llegó a un momento en que se acabó. Y ahí el neoliberalismo, que va a ser el eje de su crítica a los mercados, lo que llama el Discurso de los Mercados, donde Lacan nos dice que, una vez, el capitalismo ya no puede cumplir con sus promesas. (Hay un movimiento por ahí que se llama “Se acabaron las promesas”.) Una vez el capitalismo ya no pueda cumplir con sus promesas, no tiene otra alternativa que entonces depender cada vez más de la represión, lo que planteaba Marcuse como sobrerepresión que adviene para imponer la sobreexplotación. Y Lacan entonces nos advierte que el capital entiende que al sujeto lo tiene que sacar de todo entendido de que es dueño de sus circunstancias, de que puede ser protagonista de sus circunstancias. De que puede decidir sobre sus circunstancias. Sentencia Lacan, bajo el Discurso de los Mercados: se produce una forclusión del sujeto.

Así es que se va constituyendo una falsa conciencia y se va replegando el sujeto a una vida individual, que es algo que critica también César en su libro. En ese sentido, ahí hay un gran reto. Y yo creo que curiosamente, si bien Lacan era un conservador, tal vez el hecho de que tenía una hija maoísta, que vivía con él durante todo el proceso del 68, de alguna manera quizá lo impactó, lo estuvo confrontando y por eso que al final de su vida uno ve esta evolución en las ideas de Lacan.

Si bien es cierto que Lacan era muy crítico de las posibilidades que teníamos de poder redefinir, revolucionar las relaciones con el otro, también reconocía que, de surgir una posibilidad para ello, es porque se han podido producir cambios en la economía política en la que se funda esa determinación de nuestro subconsciente y de lo que es lo real para este y para la conciencia con la que operamos todos los días. En ese sentido, no cerraba la puerta al cambio pero entendía que de lo que se trataba era realmente de una lucha sin fin. Es más, en ese sentido era muy hegeliano.  Los marxistas en la época soñamos con tomar el cielo por asalto y cambiar totalmente el mundo. Lacan, en cambio, nos dirá al igual que Hegel, según su concepto del Aufhebung, que no hay borrones y cuentas nuevas. Siempre lo viejo busca seguir subsistiendo bajo lo nuevo para ver si logra revertirlo. Toda revolución contiene así también su contrario, la contrarrevolución.  

Lo dicho antes tiene que ver un poco con la problemática del interregno del que nos habla César en el libro. El interregno, un concepto gramsciano, que describe el Puerto Rico contemporáneo, que está en una especie de periodo de transición donde está muriendo lo viejo, pero lo nuevo no acaba de surgir. Y en esos momentos surgen los Jennifer González y los Rivera Shatz y los monstruos como Donald Trump, etcétera. Son gente sobre la que uno se pregunta dónde tienen la cabeza, la voluntad, los intereses, los valores, etcétera.

Ahí está la problemática de ese concepto de malestar en la cultura, es un concepto problemático; es un concepto que yo creo que a lo que nos lleva es que, si bien es cierto que César no está de acuerdo con el callejón sin salida del malestar freudiano y se encuentra más inclinado a la posibilidad de que del malestar pueda surgir algo nuevo. Pero eso nuevo tiene que surgir a partir de una serie de luchas, con una serie de características de las que hablaremos en breve.

Ahora quiero ir entonces al concepto de colonia, la colonia, el malestar en la colonia. César utiliza el concepto de metacrisis para describir la crisis de la colonia.

Es metacrisis la crisis de la crisis de la que siempre se ha estado viviendo bajo la colonia, pero sobre todo a partir de la década de los 70’s, cuando fracasa el modelo conocido como Manos a la Obra. Puerto Rico pasa de un modelo que dependía de atraer capital productivo para que instalara industrias aquí en la isla, a un nuevo periodo donde crecientemente se ve forzado, en la medida que pierde su competitividad, a acudir a transferencias federales crecientes para poder garantizar su propia operación del régimen colonial. La economía empieza a derivar hacia una economía fundamentalmente improductiva, que estará centrada en los servicios y en el capital financiero. (Más adelante, también dependerá del creciente endeudamiento público con la banca privada.)

Vamos, en ese sentido, es una crisis que, como plantea César a través de este libro, es una crisis terminal. ¿Por qué es una crisis terminal de la colonia? Esto tiene mucho que ver con Lacan, quien señala que el capitalismo ya no vive de crear ilusiones en la gente. No se trata de que ustedes tengan la esperanza de un futuro. Los estudiantes de hoy se enfrentan a un cierre de oportunidades. Muy distinto al futuro que tenía mi generación, aun con nuestras rebeliones, tuvimos unos accesos, unas posibilidades que no tienen las nuevas generaciones.

El capitalismo se ha cerrado. El capitalismo ha vuelto a adoptar, entonces, unas lógicas salvajes propias del modo de acumulación originario o primitivo. Las lógicas de acumulación están hoy basadas en la sobreexplotación, no la nivelación, no la movilidad social; es la sobreexplotación, la concentración creciente del capital en pocas manos, de la riqueza en pocas manos, de la desposesión de los de abajo, la reducción de los derechos laborales, el desmantelamiento de todos los derechos democráticos, porque la democracia es uno de los problemas que identifica el neoliberalismo como el obstáculo mayor que enfrenta el capital para seguir garantizando una tasa de beneficios positiva y cada vez mayor.

Entonces, estamos, por lo tanto, en un momento en el que el capitalismo ya dejó de representar la igualdad de oportunidades que tanto pregonaba. Se ha convertido, entonces, en todo lo contrario, como lo advierte Lacan en el Discurso de los Mercados. El capital quiere que el sujeto acepte la precarización de su vida y de sus posibilidades como la única manera de existir. De lo que se trata es que cada cual se resuelva la vida como pueda. Eso presenta unas limitaciones, pues entonces, y por eso a mí no me sorprende que donde se da el crecimiento más significativo del independentismo, del sentimiento independentista en estos momentos, es entre la población puertorriqueña entre los 18 y los 35 años de edad, que es la más afectada por este cierre del sistema contra toda posibilidad de progreso de esas generaciones que se ven forzadas a vivir precariamente aquí en lo que encuentren o a emigrar.

Sin embargo, ya vemos que los que emigran empiezan también a dar señales de insatisfacción, como lo refleja una encuesta que recientemente se informó en el periódico El Nuevo Día sobre los puertorriqueños en Florida. En el presente hay más puertorriqueños. En Florida que en la Ciudad de Nueva York. Florida ha desplazado a la Ciudad de Nueva York como el lugar donde hay más puertorriqueños y éstos de repente empiezan a manifestar su desencanto. Con todas las expectativas que se les había generado de que allá iban a poder solucionar sus problemas, se trata de un estado trumpista. Se trata de un estado en el que, cada vez más, su gobernador y todo su gobierno imponen lógicas discriminatorias contra los sectores latinoamericanos que allí residen.

En ese sentido, la metacrisis se presenta también como una oportunidad. Sí, también es el punto de partida, la grieta desde la cual desarrollar una nueva lucha. Así lo entiende César. Estamos contra la pared. Síntomas de esa crisis: el verano del 2019, que, como muy bien plantea César, fue una rebelión que tuvo un impacto inesperado, una movilización que nadie pensaba. Yo siempre le he dicho a la gente que lo que más me impresionó de ese evento histórico es que en la última gran marcha que hubo en el Expreso Las Américas, la del millón, poco antes de que finalmente Ricky Rosselló renunciara, yo prácticamente no conocía a nadie, que no fueran mis hijas y mi esposa que estaban marchando conmigo. Era algo tan diferente a lo que yo estaba acostumbrado.  Hasta ese momento iba a actividades políticas donde tal vez los cientos o los pocos miles que podíamos haber, pues nos conocíamos más o menos todos. No, en el Verano de 2019 eran las nuevas generaciones, los jóvenes que se tiraron a la calle.

Claro, ¿cuál es la lección que César saca del balance de esa rebelión? Que lamentablemente no se organizó para entender y ver cómo podía influir sobre la realidad estructural que le había impuesto un gobernador troglodita como Ricky Rosselló, al cual le sucedió la corrupta de Wanda Vázquez, la que fue desaforada en el día de hoy. En ese sentido, se daba la impresión de que el país había cambiado, pero en el fondo no había logrado cambiar de raíz. Como hemos visto a partir de los siguientes dos gobiernos luego de 2019, mucha gente vive con la ilusión de que se dé otro verano como el de 2019. Por su parte, César entiende que tal vez en estos momentos el reto es otro, pues no basta con otro verano de 2019, no basta con eso. César, al final del libro, nos plantea cómo entiende que podemos salir de esta metacrisis, de las múltiples crisis que estamos viviendo.

Ve la independencia como una multiplicidad de soberanías que ya se van despertando en la práctica. Y cita a  Mariolga Reyes. Pero César también sospecha que están bien todas esas soberanías, como la agrícola, la energética, la autogestión comunitaria, etc. Pero se pregunta: ¿cómo se transforman, finalmente, las relaciones de poder en nuestra sociedad? Porque el neoliberalismo apoya la autogestión, la autonomía comunitaria, lo ven como factores del mercado que van asumiendo libremente las lógicas de producción sin cuestionar en última instancia al sistema, al sistema como en todo. Por lo tanto, César entiende que si bien es cierto esto de las múltiples soberanías que han ido surgiendo, especialmente a partir del huracán María, no basta con esto, no basta el perreo, tampoco bastan en ese sentido las autonomías comunitarias o las soberanías agrícolas, los proyectos que vemos que proliferan en el campo.

Pero ¿cómo articulamos todo eso en un gran proyecto que pueda ser parte, entonces, de una fuerza que, políticamente, adelante una transición hacia la soberanía total? No solo la jurídica; la jurídica, en última instancia, es secundaria frente a todas estas otras.

La jurídica es más bien casi siempre un reflejo de todas estas otras, desde las políticas hasta la económica. O sea, ¿en qué medida podemos realmente empezar a promover un proyecto de transición que nos ayude a superar la actual dependencia colonial, que ha llegado a su fin y se ha quedado sin posibilidades? Y la mejor muestra de eso es que hoy tenemos una gobernadora que solo se ha dedicado a aplicar las políticas que se están adoptando en Washington por el gobierno de Trump. En cuanto a lo demás, pues sí, quiere beneficiar a su familia, quiere beneficiar a sus amistades, a sus allegados, continúa la corrupción. Hay un colapso total del régimen colonial.

Si ha habido alguna duda con este primer año del gobierno de Jennifer González, ya vemos que la alternativa de seguir dependiendo de algunas de las opciones políticas del llamado bipartidismo solo nos mantiene hundidos en un punto muerto, en un punto muerto en que no se avanza. Entonces César al final concluye con una crítica, una crítica a la nueva coyuntura política. ¿Qué está ocurriendo en Puerto Rico? Él entiende que puede dar señales de algo nuevo, de que se empieza a romper con el pensamiento que hasta ahora nos ha traído hasta aquí y ha llevado a la reproducción continua del régimen colonial.

Ve con buenos ojos, aunque críticos desde el inicio, eso de la alianza. Lo que le preocupa de la alianza, y esto lo dice sin pelos en la lengua, es que esté ocultando la solución a la metacrisis. Como si todo se pudiese reducir a un cambio quienes ocupan las posiciones gubernamentales, desde la gobernación para abajo, para garantizar un mejor gobierno.

César entiende como negativo que se haya invisibilizado la propuesta de la independencia, a pesar de la fuerza significativa que va ganando. Se me olvidó mencionar hace unos minutos, que en un estudio que se hizo en el 2024 por la Universidad del Sagrado Corazón sobre las preferencias electorales de esa población de 18 a 35 años, la independencia representaba un 62 por ciento, mientras la elección representaba apenas un 13. Entonces, César señala que en un momento como después de las elecciones del 2024, y el papel jugado por un candidato independentista, aunque decía que él no se estaba presentando como candidato independentista, pero su oposición se dedicó continuamente a insistir de que se trataba de un independentista. Todo el mundo estaba claro. En ese sentido, entender que ese 31 por ciento del voto obtenido por éste y el hecho de que se empezó a proclamar que se había convertido en la segunda fuerza política del país, cómo se va a entender que a los pocos días de las elecciones, el candidato haya desaparecido. Así las cosas, de lo menos que se empezó a hablar fue de los resultados de la independencia en el plebiscito, al cual la alianza le había orientado a sus electores que votaran en blanco. Pues esa población de 18 a 35, gran parte de ella, no se sintió obligada por esa orientación y votaron  mayormente a favor de la independencia.

Yo estoy de los que pensamos que ese cuento de que las máquinas en lo único en lo que se equivocaron fue en otorgarle 20 y pico por ciento, 23 creo que era, a la independencia y solo 11 a la libre asociación. Yo no me trago ese cuento.

Así que César se pregunta, cómo es que en un momento en que la independencia como fuerza política, como propuesta, la patria nueva de la que se habló en las elecciones del 2020, que también logró cosechar un 14 por ciento de los votos, el cual fue un crecimiento impresionante frente a las elecciones anteriores, entonces de repente se pasa a invisibilizar la independencia. Los independentistas no se dedican entonces a tratar de representar ese impulso y ahí es que César, pues, reconoce como una contribución importante la iniciativa de lo que se conoció como el Plan B Independencia, la cual obligó a pensar, es decir, provocó un debate político en este país sobre la necesidad y viabilidad inmediata de la independencia. No solo eso, el mero hecho de que empezara a circular meramente la idea de que Trump estaba pensando darle la independencia a Puerto Rico, fue un shock para mucha gente. Fue un shock pensar que la independencia pudiese ser una determinación que llegara de Estados Unidos, como fue también la invasión, como fue el Tratado de París y nuestra conversión a botín de guerra, y la posterior ocupación.

De ahí la gran contradicción de que se reclame que ahora hay que ser democrático para descolonizar a Puerto Rico cuando para colonizarlo no se fue democrático. Además, cumplir con las obligaciones que tiene Estados Unidos bajo el derecho internacional no requiere que el pueblo de Puerto Rico esté o no esté a favor de su libertad, porque eso sería lo mismo que decir que Lincoln le debió haber preguntado a los esclavos y a los esclavistas si estaban de acuerdo con la abolición de la esclavitud. No, hay unos derechos que son inalienables, que no se deben a otra consideración, y esa propuesta de la orden ejecutiva así lo reconocía. El Congreso nunca se pone de acuerdo sobre qué hacer con Puerto Rico; mientras que bajo las presidencias de Bush, Obama y Trump las comisiones que estudiaban el caso de Puerto Rico concluían que siendo esto un territorio no incorporado, éste puede ser vendido a un tercero. Trump intentó venderlo a un tercero, se lo ofreció a Dinamarca a cambio de Groenlandia en el 2019.

En ese sentido, a César le llama la atención que la propuesta conocida como Plan B Independencia puso la independencia sobre el tapete, que empezara a discutirse en ciertos círculos en Washington. El gobierno de Jennifer González tuvo que pagar a cabilderos para que nos cerraran las puertas, ya que se nos habían abierto varias puertas a las oficinas congresionales. De esa manera quiso ver cómo impedía cualquier avance de esta propuesta. Pero yo siempre he insistido en que esta propuesta, en el fondo, nunca tuvo que ver con Trump, como la propuesta de Hostos de 1898 no tuvo que ver, en el fondo, con McKinley; eran propuestas de transición que buscaban entonces demostrar cómo se podría organizar, en el momento histórico, un nuevo Puerto Rico, fuera de una relación de dependencia, fuera de una relación de dominación colonial.

Por eso el Plan B Independencia siguió posteriormente con un Plan Económico Nacional donde se define toda la transición, el cual también fue tema de discusión en la prensa, en los medios de comunicación por varios días, cuando generalmente en la prensa de este país las noticias realmente no duran más allá de un par de días, a menos que no sea obviamente la controversia en torno a la Secretaria de la Vivienda que se convirtió en todo un escándalo que duró varias semanas.

En ese sentido, el compañero César Pérez Lizasuain entiende que por esa vía hay que seguir. Y ha sido interesante, lo que nos explica por qué en 2025 surgen otras iniciativas por la independencia, una marcha por la independencia, que no lo organiza el Plan B Independencia, siendo meramente un centro de pensamiento y acción, un grupo de pensamiento y acción, y no un partido o movimiento político. Aun así, quiere contribuir a una convergencia de todos los partidos, de todos los movimientos que están a favor de la independencia.

Uno ha seguido viendo cómo ese independentismo empieza a forjar un diálogo necesario, a trabajar sobre sus suspicacias y superar las divisiones que hay en su seno para ver cómo puede estar a la altura de este momento histórico, que es aprovechar lo que es esta metacrisis de la colonia y todo su modelo de dependencia colonial para avanzar y articular una propuesta de transición que nos pueda unir como pueblo, que nos pueda incluso permitir incidir también en los círculos de poder de Washington para poder producir finalmente una descolonización hacia nuestra independencia.

Muchas gracias.

César J. Pérez Lizasuain

Muchas gracias. Bueno, buenas tardes a todos y a todas. ¿Cómo reaccionar a todo esto que ha dicho Carlos? A mí me parece que el malestar en sí mismo en estos días, es decir, lo que yo llamo en el libro una fase superior, una fase terminal del colonialismo. Que, de paso, es bien importante no confundir la fase superior, que es la que yo utilizo para describir el momento actual o la metacrisis. Es bien importante no confundirlo con alguna perspectiva o idea determinista: yo no he declarado que la colonia, como régimen político, económico y jurídico, está a punto de culminar.

Lo que sí quiero señalar, cuando hablo de régimen terminal o de fase superior —aquí, un poco, lo tomo de Lenin—, es que el régimen colonial ha llegado a su máximo grado de contradicciones. Y eso es lo que describe el momento actual. Y es lo que me impulsa a trabajar en este libro, aunque tenía muchas dudas, como bien comentó Carlos al inicio de su presentación. Pero yo sí tenía algunas dudas sobre su pertinencia y demás. Pero me doy cuenta, en el proceso, de que, efectivamente, esa fase superior, ese desarrollo máximo de las contradicciones del régimen colonial, que caracteriza nuestra vida actual, hacía de este trabajo uno más pertinente. Porque esas contradicciones llegan al máximo, que, de nuevo, no quiere decir que el régimen colonial vaya a terminar, o que yo esté proclamando, por ejemplo, que la independencia está a la vuelta de la esquina, no es así.

Pero esa máxima contradicción del régimen colonial, que es una nueva fase, nos plantea algo que Pedro Albizu Campos vaticinaba a mediados del siglo pasado: se trata del arribo de un momento histórico específico, entiéndase, de una contradicción mayor, de una contradicción máxima, que iba a generar el actual régimen colonial. Albizu nos advertía, llegada esa máxima contradicción de la fase superior del colonialismo en Puerto Rico, de tendríamos necesariamente que elegir entre yanquis o puertorriqueños. Decía: “Está sobre el tapete la suprema definición: o yanquis o puertorriqueños.

Y yo sé que desde diversos sectores y tendencias del independentismo en Puerto Rico tiene muchas interpretaciones, otra gente lo considera como una mera simpleza, otra gente lo considera como una descripción, digamos, política de esa dialéctica o ese maniqueísmo, como lo describía Frantz Fanon, propio del colonialismo, que enfrenta al colonizado y al colono. Sí, todo eso puede ser cierto, pero yo creo que Albizu aquí apuntaba a una cosa un poco más compleja, y era precisamente esta fase del régimen colonial, la que nos ha tocado vivir. Porque esa fase superior, la máxima contradicción, implica necesariamente contraponer nuestra supervivencia, ya no solamente económica, ya no solamente social, sino nuestra supervivencia física, biológica, en nuestro país, en nuestro territorio; la máxima contradicción de la fase superior supone la oposición entre la vida y la muerte y la desaparición del puertorriqueño.

Y los elementos y los datos científicos demográficos y económicos de esa fase superior del colonialismo o de la metacrisis, ya van apuntando a esa realidad, como se destaca en los últimos ensayos del libro. Estamos desapareciendo. Precisamente, esta universidad, la Universidad de Puerto Rico, es un síntoma de esa contradicción: recintos vacíos, el declive constante de admisiones, el abandono de la infraestructura, cada vez reflejando más un paisaje apocalíptico, de lo que una vez fue el proyecto social y educativo más importante del país. Por ejemplo, Carlos mencionaba su clase de pensamiento revolucionario a finales de los años 60 en este mismo Recinto. Yo comencé mis estudios universitarios aquí, en el Recinto de Río Piedras, en 1999, y me gradué de Ciencias Políticas en este mismo edificio. En ese periodo éramos aproximadamente 24,000 estudiantes. Décadas más tarde, regresé a este mismo Recinto como profesor del Departamento de Sociología y Antropología entre 2020–2024, y la última vez que miré los números, estamos hablando de 9.000 estudiantes en el recinto. El Recinto de Mayagüez tiene una situación muy similar. Es decir, es un síntoma que tiene constatación empírica.

Aquí utilizo el concepto de síntoma en su acepción amplia, no meramente desde la definición lacaniana. Por lo tanto, no se trata de un síntoma únicamente psicológico, meramente psicoanalítico, que no se queda atrapado solo en el campo de lo simbólico, sino que es un síntoma esencialmente material, como parte de las consecuencias ya visibles y materiales de lo que va generando la actual metacrisis puertorriqueña y de esa contradicción máxima. Esa contradicción máxima a la que ha llegado el régimen de dependencia colonial.

Y en ese sentido, de ahí el malestar. Agradezco que Carlos haya profundizado aún más. Yo meramente menciono a Mark Fisher que, ciertamente, retoma el concepto del malestar de Marcuse.

Yo no tiendo a citar mucho a Marcuse ni a la Escuela de Frankfurt, porque resiento su cercanía con la inteligencia estadounidense durante los años 60 y 70. Pero, ciertamente, Marcuse está muy presente en Mark Fischer.

¿Y cuál es la diferencia entre el concepto del malestar y el de Freud? Particularmente en Marcuse, Fischer o como yo intento utilizarlo, la diferencia consiste en introducir la dialéctica; más específicamente, el materialismo dialéctico. Sin la dialéctica, el malestar es un callejón sin salida. Por eso, para Freud era así.

Por eso Carlos mencionaba a Hegel. Por lo tanto, desde el malestar que va generando la metacrisis, que es la precarización constante y continua de nuestra vida en los últimos 25 años en este país, se genera un malestar. Freud hablaba del malestar en la cultura, en la civilización. ¿Y qué quiere decir? Freud, a través de Fisher, sugiere que bajo la modernidad capitalista, sin civilización, sin cultura, no hubiera sido posible la emergencia y desarrollo de sociedad y economía-mundo capitalista, porque la cultura es precisamente ese dispositivo que reprime algunos instintos y pulsiones de los seres humanos.

Entiéndanse, instintos y pulsiones, como el Eros, que tienden a la libertad. Y el capital, o el capitalismo moderno, no puede desarrollarse desde el siglo XVII para acá si no reprime ciertos instintos y pulsiones que tienden hacia la libertad, como es el Eros. Porque un ser humano que tiende meramente hacia el Eros, hacia esa pulsión de vida, hacia esa pulsión basada alrededor del deseo, pues no se dedica a hacer las cosas que tiene que hacer bajo la economía política capitalista: entiéndase trabajar, convertirse en trabajador y mercancía al mismo tiempo. Y ese deseo o pulsión debe ser reprimida.

En nuestro caso, el colonialismo ha pretendido hacernos creer que solo bajo su régimen es posible la civilización. Que es solamente bajo el régimen colonial que podemos tener cultura; que solo bajo el colonialismo estadounidense somos personas. Y la analogía que intento hacer con este título del Malestar en la Colonia es esta: el colonialismo estadounidense es el que, falsamente e ilusoriamente, nos intenta convencer de que solo somos libres mientras seguimos en Puerto Rico siendo colonia. Nuestra “civilidad” es aquella que provee el régimen colonial; por lo tanto, es la misma que reprime, de forma estructural, subjetiva y objetivamente, la libertad y pulsión de vida. Eso es, en parte, lo que también advertía Betances cuando decía:

Puerto Rico está en una borrachera completa. Allí están borrachos con las reformas que no le han dado. Se han embriagado con el olfato. Es el espectáculo más raro y triste de un pueblo -chicos y grandes- celebrando las libertades que creen tener y que no tiene…Parece aquello una reunión de dementes, bailando sin música. Tal vez el baile no dure mucho tiempo. Es lo único que puede consolar. Desde que vuelvan la vista hacia la orquesta, todos ellos tienen que ver que no hay violines.

Por eso, cuando se da la intensificación de la crisis en los últimos 25 años, se genera un malestar y comienzan a expresarse infinidad de síntomas. No solo el verano de 2019, sino también las dos huelgas estudiantiles en Puerto Rico, entre 2010 y 2017 , de la pasada década. Dos huelgas para mí paradigmáticas. Debo decir que en esta semana también se presentó un nuevo libro de la editora de Educación Emergente, el autor es Roberto, es Giovanni, iba a decir Roberto Alejandro quien fue un destacado líder de la huelga de 1981. El autor del nuevo libro es Giovanni Roberto, quien fue uno de los líderes y principales protagonistas de la huelga estudiantil de la Universidad de Puerto Rico en 2010, que se llevó a cabo en los 11 recintos, pero en particular tuvo como principal protagonista el Recinto de Río Piedras.

Esas dos huelgas fueron síntomas muy importantes también. Y fueron eventos constitutivos que desembocaron en el malestar actual. Sin esas dos huelgas no hay verano combativo en 2019, por cierto. Los resultados electorales de 2020 y de 2024 son síntomas también. De manera que ese malestar en la cultura o en la colonia, creo que responde a esa intensificación. Claro, cuando el régimen colonial ya no resulta útil para la vida y su reproducción continua, genera malestar y también acentúa sus aparatos represivos.

Pero esa intensificación, cuando el régimen colonial alcanza el máximo de sus contradicciones, también deja al descubierto sus dimensiones más ilusorias o alienantes. Y ese malestar comienza a intensificarse. De ahí que pueda entender el aspecto o el concepto del malestar.

Y entenderlo también, desde el materialismo dialéctico e histórico, como una oportunidad, precisamente, para romper con ese velo ilusorio que genera el colonialismo. Y de romper también con la intensificación de la violencia, la represión y la guerra híbrida; particularmente, con la creciente violencia económica. La Ley de PROMESA, aprobada por el Congreso de Estados Unidos, es parte de ese síntoma también. La ley 20 y 22, hoy día la ley 60, es parte de esos síntomas en los que se incrementa la violencia, desde los cuales se extiende la represión económica y la represión política, que han creado las condiciones, junto a PRIMESA, para alentar el colonialismo de asentamiento que expulsa a los puertorriqueños de nuestro propio territorio. Y, encima, en estos meses hemos tenido una nueva oleada de represión militar, la remilitarización de la colonia. Pero bueno, se van generando esos malestares.

Y del malestar, hay oportunidades para romper, hacer incomodar conciencias, que es parte de lo que la organización Plan B: Independencia, que mencionaba Carlos hace un momento Pero también, y a partir de esa transformación de conciencias hay que insistir en organizar. Y de ahí debo reconocer que, en efecto, desde el año pasado para acá, hay varias iniciativas para tratar de precisamente organizar la indignación, la rabia y el malestar que cada vez son más generalizados. Y a eso sí le doy la bienvenida.

Gracias, Carlos. Gracias a Lissette y a la Editora Educación Emergente; mi reconocimiento a la enorme labor que han realizado durante tanto tiempo. El reconocimiento, desde lo más profundo de mi corazón, por apoyar todos estos proyectos y autores. A Sonia Serrano, directora del Departamento de Sociología y Antropología, gracias por conspirar.

Y a todos los presentes, gracias por estar aquí.

Leave a Reply

Discover more from Vitalpolitik

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading