¿Un nuevo “partido de la independencia”? La contradicción principal, estrategia y la orden ejecutiva de la independencia

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Por: Dr. César J. Pérez Lizasuain*

El que tiene oídos para oír, oiga. (…) Bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Mateo 13:9-16

La propuesta Orden Ejecutiva, para establecer un periodo de transición hacia la independencia, ha puesto sobre el tapete la principal contradicción que define y determina la metacrisis o crisis estructural que aqueja la realidad y vida puertorriqueña en las últimas dos décadas: la deriva catastrófica del modelo económico de dependencia colonial.

La contradicción principal que enfrenta Puerto Rico hoy día se circunscribe a una contradicción general y permanente: el poder que actualmente ejerce el gobierno estadounidense sobre el territorio – fundamentado especialmente en el Tratado de París de 1898 – y la soberanía inherente y preexistente de Puerto Rico y su derecho a la libre determinación e independencia.

Partiendo de las consideraciones del autor de origen danés, Torkil Lauesen, en situaciones como la que enfrentamos actualmente, identificar la contradicción principal es esencial porque define cuáles luchas y problemas son más apremiantes, en un momento o coyuntura determinada, para hacer avanzar objetivos históricos de lucha. La contradicción principal – dice Lauesen – es aquella que “juega el papel principal y decisivo” en la estructuración de la realidad de un momento determinado. Por lo tanto, identificarla y comprenderla permite a los actores políticos – las fuerzas del cambio – priorizar sus acciones de forma táctica y estratégica. Lauesen insiste que “identificar la contradicción principal nos dice por dónde empezar”, paso fundamental para la aplicación de cualquier estrategia de lucha que busque impactar el balance real de fuerzas, tomando en consideración las circunstancias del momento pero manteniendo como norte los objetivos de luchas y reivindicaciones históricas.

De igual modo, hay contradicciones secundarias que serían aquellas que ocupan “una posición secundaria y subordinada” a la contradicción principal. Las contradicciones secundarias interactúan constantemente con la contradicción principal, pero que, al momento, no son definitorias en la estructuración de la realidad. Subrayo “al momento” porque en muchas ocasiones las contradicciones secundarias, de acuerdo a la relación de fuerzas, pueden pasar a ser contradicciones principales. Ciertamente, también hay contradicciones generales o incluso universales: la lucha entre trabajadores vs. empresarios, imperialismo vs. antiimperialismo, etc. Dice Lauesen, que normalmente estas contradicciones son generales pero no siempre principales. En el caso de Puerto Rico, la clara contradicción general se centra en la subordinación colonial al poder imperial estadounidense. Digamos que esta es una contradicción general que siempre estará presente bajo el actual régimen económico y político de dependencia. Los debates y divisiones entre las fuerzas independentistas surgen precisamente en el debate para determinar el papel que ocupa esta contradicción general, y por ende las estrategias de lucha, en las diversas fases históricas por las que ha atravesado el país bajo la soberanía estadounidense.

Un ejemplo de ello lo han sido los debates suscitados en torno al surgimiento del partido Victoria Ciudadana, que trató de renovar, con rostro progresista, el eslogan de que el status no está en issue; y el giro táctico del PIP cuando decidió, por un supuesto cálculo electorero, no hablarle al pueblo sobre la independencia en momentos en que implosiona, de forma irreversible, el modelo de dependencia colonial. Ambas tendencias coincidieron en una alianza electoral que considera que la contradicción principal en este momento radica en el bipartidismo, la corrupción y la supuesta falta de meritocracia entre la dirigencia burocrática y gubernamental.

Aún pasada las elecciones, ninguna de estas colectividades ha variado en su discurso y estrategia, mientras que la crisis se agudiza y se acrecienta el riesgo de enfrentar una crisis humanitaria a raíz de los recortes ya anunciados, o anulación total, de los fondos federales que promueve el gobierno de Donald Trump y Elon Musk. Tanto el PIP como MVC – este último atravesando un proceso de desintegración – han subestimado el poder biopolítico de la crisis y la situación concreta: la crisis económica y política, próxima a cumplir dos décadas, se ha convertido en el principal dispositivo de subjetividad en la actualidad.

Es decir, hay terreno para hablarle de frente al pueblo sobre las causas estructurales de la crisis del modelo de dependencia colonial. “El que tiene oídos para oír, oiga”.

En un análisis previo, consideré el Tratado de París como la fuente juridificada de un hecho de fuerza fundamental, la Guerra Hispanoamericana e invasión militar, desde el cual se fundamenta la soberanía de Estados Unidos y el poder administrativo del Congreso sobre Puerto Rico. Sugiero en ese análisis que el Presidente de Estados Unidos tiene la autoridad constitucional para retirarse unilateralmente de este tratado. Esta retirada tendría el efecto de eliminar la base jurídica o fuente última que en apariencia legitima el régimen colonial y abriría un canal de negociación con Washington que conduzca hacia la independencia. Argumento que, dado el estado actual de la “metacrisis”, caracterizada por una prolongada recesión económica, austeridad y dependencia estructural, “la única transición justa, viable y necesaria para enfrentar la crisis del modelo de dependencia colonial y el decrecimiento económico es hacia la plena independencia.”

Ahora bien, esta contradicción principal hace necesaria la creación de un nuevo partido político que promueva la independencia, diseñado específicamente para cumplir dos funciones críticas:

  1. En primer lugar, debe servir como una entidad intermediaria entre el poder ejecutivo estadounidense y el pueblo puertorriqueño.
  2. Y en segundo lugar, sin hacer uso de cálculos electorales y oportunismos políticos, debe comunicarse de forma transparente, honesta y valiente con el pueblo sobre la gravedad y urgencia de la actual crisis estructural, abogando claramente por la independencia como la única solución posible y necesaria para superar la crisis.

Filiberto en el 2025

Ciertamente, la creación de un nuevo instrumento político – como bien ha sugerido el periodista Rafael Lenin López – responde, en parte, al vacío dejado por el PIP y su renuencia a hablarle al pueblo directamente sobre la independencia y las causas estructurales de la crisis. Poco antes de ser asesinado, Filiberto Ojeda Ríos, ya augurando – con la sabiduría y fuerza moral que le caracterizaba – la crisis que se avecinaba, sentenciaba lo siguiente:

 ¿Qué está sucediendo en la Asamblea Legislativa? ¿Dónde está la oposición real? ¿Dónde está? No existe. ¿Dónde está la fiscalización? Si el Partido Independentista (….) se hubiera dedicado a ser una verdadera oposición patriótica en la Asamblea Legislativa, aun cuando yo no creo en ese proceso, pues tendría que respetar un poco más la participación. (…) O sea, que no hay una denuncia constante, no hay un alerta al pueblo, no se organiza al pueblo, porque si una organización es legal y está sucediendo lo que está sucediendo en nuestro país (…) ¿Qué es eso, Dios mío? ¿Cómo es posible que un partido independentista permita que (…) se atropelle al pueblo de esa manera? ¿Cómo es posible que dentro de un año, de unos meses, tengamos que pagar el triple o el doble por la energía eléctrica? ¿Dónde vamos a parar? Este aumento inflacionario extraordinario que está sucediendo en el país, el costo de vida, la gasolina, todo, está por las nubes, esto está llevando a pueblo a la ruina. Pues entonces, ¿cuál es el deber? Concientizar ese pueblo para que se lance a la calle a hacer reclamaciones que le convienen para su futuro, pero no es aplacándolo, no es haciendo subterfugios y debilitando la lucha, buscándose arreglitos y tratando de conseguir más fondos para que aquello funcione, que lo otro funcione. (…) La condición está, pero no para que los partidos legales, los movimientos legales estén ausentes en ese debate. Lo que tiene que hacer es llevarle al pueblo la realidad y la alternativa real, luchar. Esto no se puede permitir porque esto es indigno, esto es vil, esto es un crimen, esto es un atraco, esto es un asalto. Y el pueblo no puede permitirse que caiga, que sea atracado de esa manera. ¿Quién puede llevarlo por ese camino? Los independentistas, el Partido Independentista (…).

Un nuevo instrumento o actor político tendría que comunicarle constantemente al pueblo que la recesión económica, las medidas de austeridad, la reducción de la expectativa de vida por falta de sistema de salud, la inflación, reducción del poder adquisitivo, las muertes en exceso, la baja natalidad y la continua dependencia no son meros problemas aislados, sino consecuencias directas del estatus colonial impuesto por la soberanía estadounidense.

De regreso al invierno de 1912

En febrero de 1912 nació el Partido de la Independencia de Puerto Rico. Se trató del primer partido independentista en nuestra historia y entre sus fundadores estaban Rosendo Matienzo Cintrón, Zeno Gandía, Luis Lloréns Torres, entre otros. En su pronunciamiento fundacional declaraban que el Gobierno de Estados Unidos debe definir la condición política de Puerto Rico, reconociendo que somos un pueblo distinto con características propias de una nación y que así lo reconoció el Congreso cuando aprobó la Ley Foraker, y que tanto para los intereses de Puerto Rico como de Estados Unidos no es conveniente una integración como Estado. Dice la declaración:

Los que suscriben CONSIDERAN que ha llegado el momento en que el Congreso de los Estados Unidos de la América del Norte defina, dentro del derecho de gentes, la condición política de los hombres nacidos en Puerto Rico de la entidad social civilizada que ellos constituyen.

(…)
Y CONSIDERAN TAMBIÉN, que cuando el Congreso de los Estados Unidos, abrogándose nuestra representación, legisló la Carta Constitucional de Puerto Rico, denominada Ley Foraker, creó una entidad política y social que llamó “Pueblo de Puerto Rico”, distinguiéndolo deliberadamente del Pueblo de los Estados Unidos y de todo otro pueblo, teniéndolo por distinto y dándole las características fundamentales de una nación, si bien nos desconoció el derecho de soberanía sobre ella, reservándosela para él.

Y CONSIDERAN ASIMISMO, que de un detenido y prudente examen de este problema resulta evidente que, no conviene a los intereses del pueblo de los Estados Unidos y no conviene a los intereses del pueblo de Puerto Rico una alianza dentro de una misma nacionalidad para establecer en la isla de Puerto Rico un Estado soberano de los Estados Unidos de la América del Norte, así como que las sabias razones que tuvo el Congreso de los Estados Unidos para reconocer al “Pueblo de Puerto Rico” distinto, expresamente distinto del pueblo de los Estados Unidos, subsisten todavía y subsistirán siempre.

Ya en 1912 el independentismo sostenía que la independencia estaba en el mejor interés de ambas naciones. Por lo tanto, lo que se ha planteado recientemente, sobre todo a partir de la propuesta Orden Ejecutiva, no es ajeno a la lucha por la independencia. Sin embargo, a diferencia de 1912, hoy día no existe un instrumento político para canalizar y traducir la crisis del modelo colonial. Este vacío no es menor, representa la ausencia de una visión estratégica, que demanda un presente que se constituye como un momento único de oportunidad histórica.

*El autor es doctor en sociología jurídica y Catedrático Auxiliar en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Carolina.

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