¡Despierta, borinqueño
que han dado la señal!
¡Despierta de ese sueño
que es hora de luchar!
A ese llamar patriótico
¿no arde tu corazón?
¡Ven! Nos será simpático
el ruido del cañón.
Lola Rodríguez de Tió (1868)
La artista de origen puertorriqueño, RaiNao, ha cantado la versión original y revolucionaria del himno nacional de Puerto Rico, escrito por la patriota Lola Rodríguez de Tío, y cuyo video se ha viralizado tras interpretarlo en la apertura oficial de una actividad deportiva en la capital, San Juan, en medio de un momento clave en la historia de ese país. La recuperación del himno original se da en un momento en que se agrava la crisis social, política y económica que atraviesa Puerto Rico: una crisis intensificada por la persistencia de la violencia de un régimen colonial que va alcanzando su máxima contradicción y amenaza la supervivencia —no solo cultural, sino también física— del puertorriqueño y de la permanencia en su tierra. En ese sentido, a medida que el régimen colonial se intensifica y amenaza la vida —a corto y largo plazo— de los puertorriqueños, la lucha por la independencia de Puerto Rico entra en una nueva fase. En ella, sus objetivos históricos se reconfiguran y se sitúan cada vez más en la necesidad de instalar y reinstalar las condiciones materiales y sociales que hagan posible la reproducción misma del pueblo puertorriqueño, en contraposición a las presiones imperialistas y al colonialismo de asentamiento, al tiempo que impulsa la formación de una conciencia colectiva decididamente independentista.
El himno revolucionario cantado por RaiNao se da, además, en un momento en que nuestra hermana mayor —la mayor de las Antillas—, Cuba, resiste uno de los asedios más intensos que ha enfrentado desde la crisis de los misiles del siglo pasado por parte de Estados Unidos. Un escenario en el que incluso se le ha amenazado, de forma temeraria, con convertirla en una nueva Gaza: “Yo construí este gran ejército. Dije: ‘Nunca tendrán que usarlo’, pero a veces hay que usarlo. Y Cuba es la siguiente” ha dicho Trump. No calcula Estados Unidos —mucho menos su presidente y la derecha liberal o progresista de ese país— que, aun alimentando su líbido con la magnitud de la destrucción provocada por el genocidio en Gaza —recordemos que republicanos y demócratas pertenecen a la misma clase Epstein—, pasan por alto un hecho decisivo: que el pueblo palestino, a pesar del genocidio y de la ocupación ilegal y moralmente indefendible de sus tierras, continúa resistiendo hasta el día de hoy. Y los cubanos están preparados para hacer lo mismo. Dice el himno nacional boricua de Rodríguez de Tió:
Mira, ya el cubano
libre será;
le dará el machete
su libertad…
le dará el machete
su libertad.
El himno revolucionario puertorriqueño, en contraposición a la versión colonial —mediocre e infantil— que se ha institucionalizado como himno oficial, expresa precisamente la dimensión dialéctica de la existencia puertorriqueña. Una existencia atravesada por la lucha, por la contradicción, por la afirmación de sí frente a las fuerzas que insisten en buscar su negación.
RaiNao canta el himno revolucionario, además, en un momento en que el ruido del cañón vuelve a encender el motor de la historia, marcando el pulso del escenario internacional y en el que la principal confrontación antiimperialista tiene como frente la República Islámica de Irán. Se trata de un punto de inflexión en el que los conflictos contemporáneos están reconfigurando las coordenadas de una transición geoestratégica hacia lo que algunos llaman un nuevo orden multipolar. La respuesta iraní al acto de agresión estadounidense no solo altera los equilibrios geopolíticos de su región, sino que la respuesta iraní también constituye un nuevo paradigma de confrontación en el que el poder imperial y sus satélites —Israel y Europa no son otra cosa que meras colonias estadounidenses— encontrarán respuestas crecientemente proporcionales a la violencia que ejerzan en el Sur Global. En este marco, las condiciones que se van generando a escala internacional reproducen, de forma análoga, aquellas que en otro momento histórico obligaron a amplios sectores del mundo a articular alianzas frente a la amenaza que representaba el nazismo alemán en la década de 1940 del siglo pasado. Ante la reactivación de una Doctrina Monroe que pretende extenderse por todo el planeta, el mundo se encuentra nuevamente ante una disyuntiva de tal magnitud. No basta, entonces, con una multipolaridad entendida como mera redistribución económica o simbólica del poder. La multipolaridad, si ha de tener contenido y presencia histórica real, tendrá que asumir formas de articulación política capaces de enfrentar las nuevas expresiones de dominación y violencia imperial que pretenden colonizar, a su imagen y semejanza, el presente y el futuro de la humanidad.
El valor de este acto simbólico protagonizado por RaiNao, más allá del momento y del lugar en que ocurre, también cobra mayor fuerza por la forma en que lo ha ejecutado: con una sobriedad que rehúye la mediatización folclorizante y la estetización vacía: no hay sombrero de pava como caricatura, ni vestimenta cliché, ni estampas infantilizantes —un elemento esencial y estigmatizante del colonialismo; véase, por ejemplo, Para leer al pato Donald de Ariel Dorfman y Armand Mattelart— que reduzcan lo político a una postal tonta e inofensiva. Tampoco hay refugio en un multiculturalismo superficial que, en última instancia, funciona como una trampa ideológica, filtrada a través de la sociedad del espectáculo, que termina reforzando el falso mito fundacional del llamado melting pot estadounidense.
La fuerza del himno revolucionario interpretado por la cantante RaiNao radica precisamente en que el acto no se deja subsumir bajo la lógica de la sociedad del espectáculo. El mensaje irrumpe de forma directa, sin filtros que lo fetichicen ni dispositivos que lo neutralicen. Lo que se canta y lo que se dice no aparece mediado por una imagen que lo distorsione o lo convierta en mercancía cultural; se presenta, por el contrario, como afirmación inmediata, como gesto que, al mismo tiempo, incomoda e interpela subjetividades. Así lo hace el himno nacional de Rodríguez de Tió cuando nos interpela de esta manera:
¿Por qué, entonces, nosotros
hemos de estar,
tan dormidos y sordos
y sordos a esa señal?
Si se ha de convivir con el espectáculo, RaiNao podría marcar, entonces, una ruptura bidimensional: 1) Puede establecer un nuevo paradigma de gestión cultural en un momento histórico que exige, tanto desde la política como desde los movimientos sociales y las artes, una intervención y una estética directas, no abstractas, que buscan incomodar, activar y reactivar conciencias en función de la acción urgente que amerita la actual fase histórica.
2) La ruptura paradigmática también podría implicar otra manera de reinterpretar nuestro pasado, por ahora filtrado hegemónicamente por el artista Bad Bunny que promueve un tipo de nostalgia atrapada en su propia mitología y simbología abstractas. La letra de Rodríguez de Tió no da margen a la interpretación abstracta, por lo tanto traerla a la actualidad —además con cierto elemento de sorpresa— obliga a plantearnos la necesaria continuidad de una lucha que comenzó en 1868. Aunque no comparto parte de su marco de referencia o aseveraciones, Enzo Traverso ha reelaborado el concepto de melancolía de izquierda para establecer la contradicción entre nuestro presente y aquellas luchas históricas inacabadas, incompletas o derrotadas. No se trata meramente de añorar nostálgicamente el pasado, sino de articular la compleja y contradictoria continuidad entre luchas pasadas y presentes con el propósito de retomar viejas reivindicaciones para que sean rearticuladas con nuevas. La melancolía, más allá de la nostalgia y la falsa conciencia que la sostiene, estaría orientada hacia la acción.
