La ficha del tranque: transición hacia la independencia o crisis humanitaria

Encabulla, vuelve y tira.

Don Cholito

Recientemente, un grupo de líderes independentistas autodenominado como “Plan B: Independencia”, celebró una conferencia de prensa en la que presentó un detallado plan económico que entraría en vigor durante un proceso de transición hacia la independencia, acordado con Casa Blanca y la nueva administración del Presidente Donald Trump.

¿Por qué un proyecto o plan económico de cara a una eventual transición? El grupo ha insistido en que la situación actual por la que atraviesa Puerto Rico ha configurado un “estado de necesidad”. Interesantemente, este es un principio jurídico que en el Derecho Penal se reconoce como una “causa de exclusión de responsabilidad penal”, pues permite justificar el que se cometa un delito para evitar un daño mayor en una situación de peligro inminente (no deseado ni provocado por el actor). Aquí nadie está promoviendo el que se cometa un delito, sin embargo, esta nueva entidad política nos exhorta a tomar acción colectiva dado el peligro inminente que enfrenta Puerto Rico ante los nuevos retos y escenarios tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Este es, precisamente, el punto de partida que se articuló en la conferencia de prensa: estamos ante un estado de necesidad y un peligro inminente causado por dos crisis interrelacionadas, una en Estados Unidos y otra en Puerto Rico. En el caso estadounidense, hablamos de una crisis económica, política, social, cultural y su declive geopolítico. En el caso puertorriqueño, nos enfrentamos a una crisis estructural generada por el modelo económico-político de dependencia colonial impuesto por Estados Unidos, el cual ha llegado a un punto de saturación que hace inviables las meras reformas que al momento proponen los principales partidos políticos en el país. No se trata solo de que las reformas sean improbables en términos políticos; es que, dadas las condiciones estructurales – económicas y políticas – de Estados Unidos en la coyuntura actual, se vuelven imposibles.

Se trata de la “ficha del tranque”, por usar la analogía del dominó, la cual ha generado un estado de necesidad que motivó a este grupo independentista, Plan B: Independencia, a presentar dos propuestas complementarias:

  1. Una orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos que abra un proceso de transición hacia la independencia de Puerto Rico.
  2. Un proyecto económico de transición, que atienda de inmediato las necesidades más urgentes del pueblo puertorriqueño durante ese proceso y genere las condiciones necesarias para desarrollar una economía productiva y sostenible.

Estas medidas son parte de una estrategia integral de transición, centrada en ampliar la base productiva del país mediante proyectos de industrialización y desarrollo económico a través del propuesto “Fondo de Transición de Puerto Rico” en el que Estados Unidos se comprometería con transferir $36,000 millones por los próximos 20 años o un pago único de $489,000 millones; ambas modalidades representan un ahorro sustancial para el Gobierno Federal. A partir del Fondo se buscaría invertir en sectores estratégicos como la economía del conocimiento, en existente y nueva infraestructura y en el capital humano que el país ha desperdiciado. Como indica la economista Martha Quiñones: “Tenemos que entender que nosotros podemos producir. Superar ese miedo y el daño emocional de pensar que no sabemos hacer las cosas. Sí, sabemos. Por eso se llevan a nuestra gente, para hacerlo en otros lugares. ¿Por qué no podemos retenerlos?”.

Ahora bien, ¿en qué consiste el estado de necesidad en este contexto?

Consiste en que esa ficha del tranque ha creado una nueva situación, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. Decía el Dr. Carlos Rivera Lugo en la rueda de prensa: tenemos que comprender que la situación concreta, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico, no es la misma que la que existía previo a las elecciones de noviembre de 2024. En otras palabras, el estado de necesidad y la nueva situación concreta requieren, a su vez, de nuevas tácticas y estrategias políticas. A esto se suma un proceso de racionalización económica y cambios gerenciales impulsados por la administración de Donald Trump, que implicará una nueva forma de manejar los recursos y fondos federales.

No debería sorprendernos – aunque nuestra clase política y élite económica se nieguen a admitirlo públicamente – que, a partir del próximo verano, con el nuevo presupuesto federal, se produzcan recortes significativos en fondos federales, tanto para Estados Unidos como para Puerto Rico.

La gran diferencia es que, en Puerto Rico, un país atado a un modelo de dependencia económica y al dictamen unilateral de Estados Unidos sobre nuestra economía, los efectos de esos recortes serán devastadores. O como se dice coloquialmente: “Estados Unidos estornuda y Puerto Rico agarra una pulmonía”. La consecuencia principal será una crisis humanitaria inminente y sin precedente, que afectará directamente elementos fundamentales como la vivienda, la salud, la alimentación y la educación, además de agravar el aumento del costo de vida, la inflación, la escasez de productos esenciales y la falta de medicamentos.

Hay algo más, porque como en todo espectáculo, siempre hay una ñapa: bajo el proyecto proteccionista, enfocado en la reindustrialización de Estados Unidos, más allá del debate o dilema sobre viabilidad o inviabilidad, no podrá avanzar sin necesariamente instaurar interna y formalmente un Estado autoritario en ese país. Tendrá que ser autoritario hacia adentro e imperialista hacia afuera. Autoritario hacia adentro porque necesitará redisciplinar, readiestrar y ejercer control sobre su clase trabajadora (en términos generales, no calificada para enfrentar un proceso de reindustrialización tras casi cuatro décadas de reformas neoliberales). Precisamente, el “derecho penal del enemigo” aplicado contra los inmigrantes proviene de esa lógica: hay que eliminar la fuerza laboral extranjera para abrirle paso (obligar) a la local. Por otro lado, promoverá mayor violencia hacia afuera porque necesita de las imprescindibles materias primas y recursos naturales para poner en marcha el mencionado proyecto económico.

¿Quieren los puertorriqueños ser arrastrados por la irremediable crisis interna y externa de Estados Unidos? ¿Sigue siendo el modelo de dependencia colonial una opción viable para evitar una crisis humanitaria tras los recortes de fondos federales que promueve el gobierno estadounidense? En el dominó, cuando aparece la ficha del tranque no hay posibilidad para “destrancar” el juego. Simplemente, se acabaron las fichas para continuar y el juego culmina. Solo queda la alternativa de comenzar un nuevo juego. Entretanto, se barajan las fichas procurando que seamos nosotros, en esta ocasión, quienes tiremos la primera jugada sobre la mesa.

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