Por: Dr. César J. Pérez Lizasuain
*Bosquejo temático y documento de trabajo de una ponencia presentada en el Congreso de Justicia Social en América Latina y El Caribe: “Nuevos escenarios en la disputa por los derechos: autoritarismos, polarización y democracia”, que se celebró del 4 al 6 de junio de 2025 en la Universidad Autónoma de Ciudad de México (UACM). Próximamente, se publicará un artículo completo en una revista académica.
«Si usted me pregunta si justifico las violaciones de derechos humanos […]. No, las encuentro horribles. Pero creo que no habría sido posible hacer el cambio que se hizo en Chile sin un régimen autoritario».
Rolf Lüders, Ministro de Economía de Chile (1982-1983) – Citado en Mattei (2025: 386)
1. Imperialismo y el efecto búmeran
En Discurso sobre el colonialismo (1950), Aimé Césaire utiliza la imagen del búmeran para explicar que la violencia de los imperios no se queda en las colonias: retorna y golpea el mismo lugar en donde se originó. Así, Césaire interpreta el origen del nazi-fascismo en la violencia que ya había sido practicada en las colonias europeas antes de Hitler. Lo imperdonable para la burguesía europea no fue la deshumanización de los campos de concentración y la Segunda Guerra Mundial en sí, sino que se aplicara en su propio continente contra europeos blancos y cristianos, sugiere el autor martiniqués.
El efecto búmeran no es solo figura literaria: es un método materialista y dialéctico para entender el fenómeno imperialista en el sistema mundo capitalista, como totalidad en movimiento, atravesado por contradicciones internas y externas. De ese modo, la violencia colonial – idea que también enocntramos en Fanon o, incluso, en Martin Luther King Jr. – transforma también el centro del sistema mundo desde donde se exporta la violencia. No se trata de un accidente, sino de una expresión estrictural de las contradicciones del capitalismo. Esta idea guiará el análisis sobre la deriva autoritaria en Estados Unidos como parte de la misma lógica sistémica.
2. El efecto búmeran del neoliberalismo
El primer gran experimento neoliberal se impuso en Chile tras el golpe de 1973, respaldado por Nixon y la CIA. La dictadura de Pinochet, con los Chicago Boys, implementó privatizaciones, destrucción de las bases organizativas de la clase trabajadora (sindicatos) y represión. Ahora bien, ese modelo neoliberal, exportado e implementado violentamente a la periferia del sistema mundo capitalista, fue luego interiorizado en el centro: privatización, desregulación, austeridad y desindustrialización se aplicaron también en EE.UU.
Este es el sentido del “efecto búmeran”: el neoliberalismo se exporta primero como doctrina y política injerencista, imperialista, como modelo de dependencia y endeudamiento en los países del Sur Global. Pero luego, el propio centro del sistema-mundo, tras lanzar el proyecto neoliberal externamente, lo asume como propio y lo aplica internamente. El neoliberalismo es un movimiento dialéctico: la violencia económica y social que EE.UU. proyectó hacia afuera terminó generando las contradicciones sociales y económicas que internamente enfrenta hoy: reorganizando su propio orden interno a través de los mismos aparatos de poder que antes utilizó contra otros.
Destacan dos contradicciones internas:
- Austeridad neoliberal: Clara Mattei sostiene que la austeridad es un dispositivo de socioeconómico para debilitar la capacidad colectiva de la clase trabajadora. No solo recorta gasto público, sino que también desarticula la lucha de clases del proletariado: el tejido social que sustenta la resistencia, destruye sindicatos y privatiza lo común. Además, sostiene que el autoritarismo, incluida su deriva fascista, y la austeridad neoliberal se refuerzan mutuamente en la medida que uno lleva al otro: un Estado autoritario puede disminuir salarios, ilegalizar sindicatos, reprimir las clases populares, acentuar la precarización de la clase trabajadora, suprimir huelgas y movimientos y encarcelar sujetos sociales contestatarios. Para Mattei, la austeridad es condición sine qua non para el establecimiento de un estado autoritario. De manera similar, el historiador estadounidense Michael Parenti, en su libro Blackshirts and Reds: Rational fascism and the overthrow of communism, inscribe la emergencia histórica del fascismo en Europa (Italia y Alemania) dentro de la crisis estructural del capitalismo de postguerra, la necesidad de imponer nuevos mecanismos de acumulación (por desposesión), la liberalización económica y la austeridad que se inscribieron en la lucha de clases, con el apoyo de las burguesíás nacionales de estos países, contra sus clases trabajadoras y populares.
- Desindustrialización: el economista Richard Wolff ha mostrado cómo, mediante la aplicación de la liberalización económica promovida por el neoliberalismo, desde los años setenta, el capital estadounidense trasladó inversiones a países con salarios más bajos. Esto destruyó empleos manufactureros haciendo colapsar a regiones enteras (como la paradigmática región del Rust Belt).
2.1. Des-democratización, acumulación originaria y deriva autoritaria
Wendy Brown define la des-democratización como subordinación de la política al poder corporativo, despolitización de problemas sociales, formación de subjetividades dóciles y adopción de la razón empresarial por el Estado. Lo público se gestiona como privado, incluso en instituciones que jurídica y formalmente siguen siendo públicas. Para Brown, el neoliberalismo no se limita a meras políticas de privatización, sino que es, ante todo, una racionalidad política que puede operar dentro y desde entidades estatales.
Esta deriva antidemocrática guarda relación con lo que Marx denominó “acumulación originaria”: un proceso histórico de violencia y despojo que separa a los trabajadores (productores) de sus medios de vida. Marx adoptará más adelante el término “expropiación originaria” no solo como una precisión teórica, sino para enfatizar su vigencia estructural y permanente en el modo de producción capitalista: un mecanismo que no pertenece a una etapa del pasado pre-capitalista, sino que continúa operando como condición de su reproducción, y cuya violencia se despliega, de manera particular, cuando el capital necesita reformar las condiciones sociales que garantizan dicha reproducción. Silvia Federici, por su lado, amplía el concepto como proceso constitutivo y vigente del capital: destruye formas de vida, impone disciplina, destruye y reocnstruye subjetividades y prácticas sociales, reconfigura y reorganiza la reproducción y división sexual del trabajo en sociedades enteras.
En Estados Unidos, este marco se expresa en un proyecto político-económico que, representado por Trump, requiere una reconfiguración de los mecanismos de explotación y acumulación de riquezas. La pretendida reindustrialización del país implica, por esta razón, una intensificación de la lucha de clases desde el sector de la burguesía que él representa. Para sostener dicho proyecto, es necesaria la activación de los aparatos represivos del Estado para disciplinar a la fuerza de trabajo y gestionar a las poblaciones o sujetos sociales considerados como excedentes. Es lo que Zygmunt Bauman describe como infraclase: “una heterogénea variedad de individuos a quienes se les niega el acceso a cualquier clase social reconocida y que no cumplen los requisitos para acceder a alguna”.
Por eso vemos hoy el resurgir de leyes y prácticas represivas que podríamos catalogarlas dentro de la doctrina teórica del Derecho Penal del Enemigo (DPE): criminalización del vagabundeo y de la vagancia en múltiples ciudades, uso de mano de obra carcelaria sin derechos laborales, legalización del trabajo infantil, militarización de ciudades enteras, retrocesos en derechos sexuales y reproductivos, y persecución de personas sin hogar o en condiciones de pobreza extrema. Este resurgir se asemeja a las leyes descritas por Marx, Federici y otros, aplicadas en los procesos históricos de acumulación originaria (o de expropiación originaria). Desde esta realidad actual, el DPE debe repensarse no como anomalía o excepción, sino como pieza constitutiva de la reorganización contemporánea de la explotación y el control social.
3. Economía Política del Derecho Penal del Enemigo
En este contexto, el DPE no es solo una categoría jurídica o un fenómeno propio del estado de excepción agambiano: es un dispositivo político-económico que articula mecanismos de acumulación originaria. Funciona como aparato para gestionar y eliminar poblaciones desechables. Ciertamente, mi propósito no es repetir la formulación hobbesiana y tecnocrática de Günther Jakobs, sino revisarla y actualizarla bajo el marco de la economía política, entendiendo el DPE como parte integral de las lógicas contemporáneas de explotación y control social.
Deportaciones masivas, detenciones, penalización de la pobreza, campos de concentración en la frontera, traslados a prisiones ilegales fuera del territorio estadounidense y encarcelamientos sin juicios no son meros efectos colaterales o excepcionales: en la sociedad del control estos dispositivos reorganizan el tejido social para garantizar la reproducción del sistema. El proteccionismo económico y la administración Trump buscan corregir décadas de desindustrialización, pero ello exige el establecimiento de un régimen autoritario: destruir derechos colectivos, someter a la clase trabajadora y reforzar el control estatal (también exige una intensificación de la lucha de clases de ciertos sectores de la burguesía que Trump representa contra la clase trabajadora en el plano internacional; de ahí sus políticas arancelarias y la guerra híbrida que busca impedir el ascenso de un mundo multipolar que desde el presente rete efectivamente la hegemonía y unilateralismo estadounidense).
En el caso de los inmigrantes, el DPE es paradigmático y contradictorio: esenciales para la economía, pero tratados y percibidos como amenaza a la estabilidad del capital sobre la fuerza laboral nacional, se les excluye de garantías procesales, se les deporta y gestiona como residuos (o infraclase desechable). Lo son porque el proyecto y la deriva autoritaria en Estados Unidos están también montados sobre las premisas del supremacismo blanco y de la cultura anglo-cristiana en la que se forjó la identidad estadounidense, cuyo principio y fundamento histórico lo fue el colonialismo de asentamiento, respaldada eventualmente en el establecimiento de su Constitución, como nos recuerda el jurista estadounidense Aziz Rana. En este marco, la infraclase (o excedente) inmigrante no es solo económico, sino también político y racial: se busca forzar y redisciplinar a la clase trabajadora estadounidense mediante la exclusión del Otro no estadounidense, reforzando así un orden social funcional a nuevos esquemas esconómicos (reindustrialización), a la reproducción de la supremacía racial y, no menos importante, al desesperado intento de recobrar hegemonía plena en el contexto global.
La afirmación de Lüders durante la dictadura chilena resume toda esta lógica: sin un régimen autoritario, los cambios estructurales que el imperialismo y el capitalismo necesitan no se podrían implementar.
Bibliografía
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Brown, W. (2006). American nightmare: Neoliberalism, neoconservatism, and de-democratization. Political Theory, 34(6), 690–714.
Brown, W. (2016). El pueblo sin atributos: La secreta revolución del neoliberalismo. Malpaso Ediciones.
Federici, S. (2010). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2.ª ed.). Traficantes de Sueños.
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Go, J. (2023). Policing empires: Militarization, race, and the imperial boomerang in Britain and the US. Oxford University Press.
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Mattei, C. E. (2025). El orden del capital: Cómo los economistas inventaron la austeridad y allanaron el camino al fascismo (I. C. Prieto & A. Hernández, Trads.). Capitán Swing.
Parenti, M. (1997). Blackshirts and Reds: Rational fascism and the overthrow of communism. City Lights Books.
Rana, A. (2024). The constitutional bind: How Americans came to idolize a document that fails them. University of Chicago Press.
Wolff, R. (2023, 9 de junio). Why capitalism is leaving the US, in search of profit. Asia Times. https://asiatimes.com/2023/06/why-capitalism-is-leaving-the-us-in-search-of-profit/

