“La autogestión es una manera de autodeterminación”. Entrevista a Arturo Massol-Deyá

Por César J. Pérez Lizasuain / Carlos Rivera Lugo ayudó a la revisión y articulación de la entrevista

“Este proyecto no lo despinta nadie” declaraba el ex gobernador Luis Fortuño Burset refiriéndose a lo que pretendía que fuera la principal obra de infraestructura de su administración: el Gasoducto. El proyecto pretendía contruir un tubo de 150 kilómetros y exponer a cerca de 200,000 ciudadanos a los riesgos y peligros que genera una línea de esta magnitud supuesta a transportar gas natural. Subestimaba, tanto Fortuño como los baluartes de la realpolitik en el país, lo que Hostos llamó en su momento el poder social: el resguardo siempre potente del poder que surge y se ejerce desde abajo, desde la comunidad. La lucha contra el Gasoducto contó con la oposición militante de varios grupos comunitarios y ambientalistas, pero particularmente contó con la importante militancia y la memoria de lucha que trae consigo Casa Pueblo y las décadas dedicadas a construir comunidad desde el Municipio de Adjuntas. Al final resultó que, en efecto, a este proyecto sí lo despintó un conjunto de voluntades que tuvieron el amor como un “punto de encuentro” y como una fuerza que “se convierte en un referente para precisamente aglutinar” y apoderar a la gente. El amor “para nosotros es una fuerza que nos motiva a hacer” dice Arturo Massol-Deyá quien para el 2018 me concedió esta entrevista hasta ahora inédita.

Como presagiando el verano combativo de 2019, Massol habló sobre Casa Pueblo, la autogestión, el coloniaje, el Huracán María y la situación general que atraviesa el país.

Foto de Julissa Zoé Corporán / Tomada de https://www.miprv.com/sera-el-gasoducto-via-verde-el-proximo-vieques/

Foto de Julissa Zoé Corporán / Tomada de Mi Puerto Rico Verde.

¿Cómo ustedes definen la autogestión desde Casa Pueblo?

Es cuando la gente decide organizarse para buscar soluciones a sus propias necesidades rompiendo la dependencia principalmente con el Estado y el gobierno. Y en el caso de Puerto Rico hay que contextualizarlo porque hay unas responsabilidades del Estado y demás. Porque a pesar de que nosotros tenemos más de tres mil años de historia en Puerto Rico, los últimos 500 años, y desde que se da la puertorriqueñidad desde finales del siglo XIX, nunca hemos tenido la oportunidad de autodeterminarnos. Así que el país funciona con un gobierno externo que tiene [su propia] agenda y un gobierno local servil que responde a eso. Pero esa agenda no es una agenda nacional, no es una democracia lo que Puerto Rico enfrenta y vive. Ante ese panorama la autogestión se convierte como una forma [organizativa] desde abajo, desde el entorno familiar y comunitario [que] de manera expansiva comienza a tomar control de nuestro propio destino.

La autogestión para nosotros es una forma de decir: ¿Qué vamos hacer en términos de educación, de salud, en el tema de conservación, en el tema de la comunicación, de las artes y cultura como un modelo alterno que promueva cambio? Que se convierta la autogestión en un referente de cambio porque no puede ser para hacer lo mismo. Si la autogestión es para hacer lo mismo, pues que lo haga otro. La autogestión, desde Casa Pueblo, la hemos entendido como modelo y gestión de cambio social.

La autogestión se entiende de varias formas. Además de una acción y una estrategia, la autogestión es también un discurso y se pueden identificar al menos dos modalidades: una comunitaria y otra de tipo empresarial. Tomando como punto de partida que este discurso ya forma parte de nuestro vocabulario y sentido común narración alrededor de ésta se ha metido en el sentido común: ¿Cual es el estado actual de ese discurso? ¿Que significa la autogestión en su modalidad tanto comunitaria como empresarial? 

Pues creo que es diverso y hay gente que la define de diferentes maneras y nos quedamos en las definiciones. Pero en términos colectivos, la autogestión es una manera de autodeterminación. Y en la medida en que ese discurso confronta una de las dificultades principales del país, que es la dependencia, el modelo de dependencia, la autogestión se convierte en una contestación, quizás no la única, pero se aporta desde ahí. Y en la medida en que se comienza atender en el sentido económico, porque un país necesita una base económica, y si la agenda económica es [antidemocrática] pues hay que buscar una contestación. Y en la autogestión económica nosotros la tenemos con el Café Madre Isla para tener voz propia, discurso propio, agenda propia. En la medida en que se hace un referente más común, que se convierta como un motor [de cambio] pues a mi me parece eso como favorable. 

Para algunos entre definiciones y definiciones le pongan ruido a lo que se está haciendo. A mí el ruido no me gusta. Estos son procesos. Y los procesos no son perfectos y cambian y se adaptan. Lo importante es hacer. No basta con saber. La gente sabe lo que tenemos que hacer. La gente puede sentirse empoderado de querer hacer cambio pero si no lo hacen pues de nada sirve. La autogestión es la energía de la acción, de intervenir. Y eventualmente se va redefiniendo y cada cual, en la medida en que comienza, aun en lo empresarial, eso va cambiando y evolucionando. Siempre y cuando sea para que responda a una agenda propia y nuestra yo la veo favorable.

A partir de ese proyecto económico que se da con el café y otras gestiones, ¿entiendes a esa dimensión económica de la autogestión como elemento vital para mantener una independencia y autonomía respecto al poder estatal y corporativo?

Es vital. El café es una fuente de ingreso. Tienes que contabilizar el trabajo voluntario que eso es capital humano que también se pone ahí. Recibimos donaciones. También tenemos la radio comunitaria que tiene anuncios. Damos servicios de diferentes tipos. Y desde el huracán María abrimos la ventana para recibir fondos externos para intervenir en las casas y en los comercios para apoyarlos con un modelo de cambio energético.

Pero si es autogestión, desde nuestra definición, es romper la dependencia. Incluso de políticos, porque si no tu agenda queda comprometida. Y en ese tema Doña Martina [en Adjuntas] fue [nuestro] referente. Y ella es una persona que vive de asistencia del gobierno pero que recoge latas y café, es una trabajadora en uno de los sectores más pobres de Adjuntas. Cuando íbamos a adquirir Casa Pueblo, que había que pagar cien mil dólares o algo así, y no teníamos un centavo. De pronto un político vino y nos dijo: “te doy la mitad de un barril de tocino”. Y el grupo dijo: “pues ya tengo la mitad del problema resuelto y no debería haber conflicto mental porque ese dinero son nuestros fondos [públicos]”. Pero Doña Martina (una vecina) nos dijo: “Si ustedes aceptan ese dinero Casa Pueblo será la casa de esos políticos y no nuestra”. Y esa señora con una educación no formal, con eso que dijo allí vetó a todo el mundo. Pues entonces tuvimos que hacer pasteles, conciertos y tuvimos que levantar los fondos de otra manera. Porque haber aceptado ese dinero hubiese comprometido la voz de Casa Pueblo. 

Entonces la parte económica que es bien difícil, y más en un país que está en crisis, pero a veces hay que irse por la ruta más complicada. Y eso nos llevó a desarrollar proyectos de autosuficiencia económica. 

¿Qué consideración tienes de la autogestión empresarial que promueven la prensa corporativa y el sector bancario?

El concepto lo abrazan otros y lo prostituyen. Eso se da también. Hay un aprovechamiento de lo que es la autogestión. Fíjate que lo que estoy diciendo, [la autogestión] no es una pretensión individual. Te hablo de la autogestión como un esfuerzo colectivo y contestatario político. Yo puedo entender que también hay otro discurso, y no le presto mucha atención. Y es como delegar la responsabilidad sobre el individuo y eso es poner una presión que no era. La autogestión es un asunto voluntario y es para una gestión colectiva.

Ese discurso desde el sector privado promueve una autogestión despolitizante. ¿No se reproduce desde este discurso el marco de referencia neoliberal? ¿No será importante incluir al Estado como parte de las demandas que surgen de la autogestión?

¿Cuál Estado? ¿El Estado colonial? No. Por eso yo soy claro que el término nuestro es una respuesta colectiva. En el caso nuestro es una gestión social de construir algo diferente. Que el país sepa que esta ruta del Estado colonial ha colapsado: [está] endeudado, que no puede cumplir con su responsabilidad pública y que el país tiene que resolver sus problemas. ¿Quién les va a resolver? ¿Los políticos? ¿Los que tienen esa ilusión de status político que sabemos que es toda una falacia? No. Ahí es que la autogestión se convierte [en un] un motor de protesta; la protesta está en los hechos y en lo que se hace. Yo puedo criticar el Estado colonial y a los políticos pero ¿qué yo saco con eso? 

Con la autogestión tú vas haciendo, vas interviniendo, de lo que está al alcance. De pronto nosotros estamos instalando sistemas solares como en Casa Pueblo y la gente podrá pensar: “Ay, que lindos los paneles solares y que bueno ayudar al que necesita diálisis y al barbero”. Pero detrás de eso hay un discurso político y se convierte en una amenaza cuando lo que impulsamos es la independencia energética. Y lo que se le enseña a la gente es que pueden ser libres energéticamente en su negocio, casa,  en su comunidad; que no tienen que depender de esa [fuente] energética en donde Puerto Rico es un mercado [que buscan] perpetuar con el gas natural. Perpetuar a Puerto Rico como consumidor es perpetuar la colonia. 

Cuando tú impulsas autosuficiencia limpia y renovable se abren espacios para que el sector privado genere actividad económica. ¡Pues que bueno! Y el sector público se ha negado en atender el tema energético con fuentes limpias y renovables. Alguien va a llenar ese vacío y entonces [se generan] empleos y riquezas pero local, no para comprar combustible a otro. Entonces eso que parece una gestión de aceptación general, tiene un componente de cambio político para la Isla. De descolonización. Y cuando estuvieron los congresistas recientemente de visita en Casa Pueblo como Nancy Pelosi, Nydia Velázquez e inclusive la comisionada residente con el caso del huracán María, toda la discusión ha sido de que hay que ayudar más a Puerto Rico porque somos ciudadanos americanos…

Pero las tres apoyaron a PROMESA y la Junta de Control Fiscal.

Pero mira nuestro planteamiento allí. Que no se trataba de ayudar a Puerto Rico por ser ciudadanos americanos sino porque hay una relación de un país intervenido y que ellos tienen una responsabilidad moral y política con Puerto Rico. Y sí, hay un entendido que el tema político hay que resolverlo en un país en que es bien difícil ponerse de acuerdo. Lo que sí hay es un entendimiento de que somos colonia y que hay que iniciar un proceso de descolonización. Y que si hay una intención de querer hacer eso, existe una oportunidad ahora de comenzar a construir un modelo energético autosuficiente independientemente que si Jennifer González quiere que Puerto Rico sea un estado. Hay que mirarse en el espejo del estado de Hawai o nos podemos ver en la República de Costa Rica. Pero son modelos que generan energías. Y atienden un tema que es fundamental: un pilar de un país es la capacidad de producir trabajo. La energía es la capacidad de hacer trabajo. 

La autosuficiencia energética es fundamental para un país, sobre todo en crisis, donde se tienen que buscar las maneras de prevenir el desangre económico. Y el desangre nuestro es porque somos consumidores y no productores. ¿Por qué hay que pagar tres mil millones [de dólares] de combustible al año? En gas, petróleo y carbón. ¿Cómo podemos nosotros retener ese capital? Pues abrazando fuentes internas. Ese proceso de descolonización, yo no digo que la energía lo resuelve todo, pero es un paso en esto que pudiera ayudar al país a romper ese modelo de dependencia. Y la autosuficiencia es potenciar otras posibilidades para el país. Por eso el tema energético es clave y en nuestra gestión comunitaria estamos insistiendo ayudando a los negocios. Y así creamos una conversación, un referente alterno respecto al modelo que nos quieren imponer de combustible fósil. 

Cuando mencionas esta forma de entender la autogestión pienso en un artículo del profesor Gustavo García y utiliza el concepto de “autogestión revolucionaria”.

Yo entiendo, pero prefiero mantenerla como autogestión. Obviamente hay diferentes matices. En modelos de autogestión hay distintos adjetivos que describen los matices de la autogestión. Yo sé que la nuestra es revolucionaria, pero eso que lo digan otros. La gente que piensa que nosotros somos reformistas…sobre esos matices a mi me preguntan en ocasiones. [Pero] la autogestión tiene que ser moldeable, tiene que adaptarse a la realidad, a la inmediatez, tiene que tener estrategia. Esos adjetivos lo que hacen es encajonar las cosas. Y yo creo que lo bueno de la autogestión es esa plasticidad de poder navegar en aguas que son turbulentas.

Desde esta noción de autogestión, ¿cómo ustedes entienden el rol de lo público y lo privado?

Hay una dicotomía entre lo público y lo privado que lo que hace es generar una discusión que a veces inmoviliza y polariza. Lo nuestro es una gestión social ni pública ni privada. Pero dentro lo que hacemos hay espacio para lo público. Nosotros manejamos dos bosques del Estado pero hemos diversificados los modelos de protección de recursos naturales donde no todo recae en el gobierno. Hay iniciativas privadas de gente que protege y tienen sus propios bosques. Hay iniciativas comunitarias también. Diversificas la cartera en la forma en que proteges  los recursos naturales. 

El conflicto no es entre lo público y lo privado: es la conservación de la plataforma geográfica y cómo lo logramos. En el tema energético es quizás uno donde ese conflicto entre lo público y lo privado, hablando de la privatización, también adquiere como un color más intenso porque el servicio de energía que es fundamental en la economía y de la gente hacer sus cosas, pues es de total dependencia de combustible fósil, de una generación centralizada. Y la gente es totalmente presa pues son consumidores. Todo el país es de consumidores. De pronto las tecnologías cambian y hay tecnologías que tú puedes generar tu propia energía en tu lugar de consumo de manera limpia. Y el sol es un ejemplo del cual el país puede sacar un alto rendimiento. 

Pues la utilidad pública que ha privatizado su generación, no de ahora sino desde los 90’s con gas y petróleo; la privatización no es nueva. La empresa pública ha sido manejada como una empresa privada; o sea que obedece a la misma lógica privada. Eso se maneja como una empresa privada y no cumple su fin público en muchas instancias. Pero esa utilidad se ha negado a perseguir autosuficiencia energética dejando un vacío que lo han ido llenando empresas privadas. Y bueno, si lo público no lo hace pues entonces lo hará otro. Yo creo que hay una responsabilidad pública fundamental que se está erosionando y con las medidas de austeridad están penalizando al país: en temas de salud, de educación, conservación, desarrollo y el tema energético. Lo han ido desmembrando con la intencionalidad de fortalecer el sector privado. Y eso genera un resentimiento, una preocupación y una molestia de lo que la gente espera del Estado y de lo público.

¿Puede lo público ser eje de una nueva estrategia de desarrollo? ¿Podría serlo desde la óptica de una alianza público-comunitaria?

¿Lo público en Puerto Rico? No como Casa Pueblo. La mayoría de estas cosas son mi opinión porque Casa Pueblo es bien heterogéneo y [cada persona] te va a contestar diferente estas preguntas. Ante mis ojos, no [es posible]. La contestación no está en lo político ni en unas estructuras políticas que no son democráticas. Serán personas electas, pero no son instituciones democráticas que pueden generar gobierno. O sea, atender lo fundamental. Podrán ponerle nombre a carreteras, tapar hoyos, recoger la basura. Pero eso no es lo fundamental.  Entonces, la estructura de lo público en Puerto Rico bajo una condición colonial está diseñado para autopreservarse. La estructura de gobierno de lo público no es una gestión de cambio. Se cambiarán algunas leyes e instancias pero no está hecho para atender el conflicto fundamental del país. Acuérdate que nosotros no estamos en México, estamos una la colonia y siempre hay que contextualizarlo dentro de esta realidad. Ese modelo de lo público está diseñado para autopreservarse. Entonces con esto seremos la colonia eterna.

Foto tomada de Abayarde Rojo.

¿Hay posibilidades de refundar el país sin atender la relación colonial-capitalista?

Yo creo que ya lo estamos refundando en Adjuntas. Eso está pasando. Lo que pasa es que la definición de refundarse y las escalas en que queremos definir esto pues son tan…bueno pues si no lo podemos manejar porque no tenemos el control político del país, pues oye lo podemos manejar a nivel de comunidad. Por eso la autogestión la vemos como algo necesario porque tenemos que buscar estratégicamente esos espacios donde sí se pueda tener una incidencia y sí se pueda lograr una refundación aun con las cadenas que te queden puestas. Pero tienes que buscar liberarte. Tienes que buscar romper esas ataduras. Y una de las lecciones más grandes que hemos tenido nosotros [es que interactuamos] con políticos y oficiales electos pero no establecemos alianzas con políticos ni de derecha ni de izquierda. O sea, no. Punto. Porque ese es el mismo modelo de la dependencia, que tú delegas y alguien te representa. Nosotros impulsamos voz propia. Porque el Estado no lo va a cambiar. Pues la gente tiene que asumir un rol activo y la autogestión es una forma de lograr que la gente se active. Con unas agendas comunes como puede ser una escuela de música y atender una deficiencia cultural en unas zonas. Cosas que nos liberen. Gestión que nos libere. Sin pretender cambiarlo todo. Sino lo que está al alcance, lo que es posible. Si tu sigues esa marcha, eso se convierte en un núcleo que sigue evolucionando y cambiando. Por eso a mí las etiquetas me preocupan cuando se definen las cosas como un cuadrito. 

¡Las cosas cambian! Por ejemplo, la dependencia energética, es que Casa Pueblo llega a la conclusión de que hay que buscar autonomía energética y tú tienes a [el barrio] Mariana en Humacao que llega a la misma conclusión por razones diferentes. Y tú tienes la gente en Orocovis que también llega. Entonces cuando tú tienes las empresas, los negocios que dicen “yo quiero hacerlo de esa manera e independizarme de ese modelo obsoleto”. pues se da esa convergencia de diferentes puntos de partida; lo que era la excepción se convierte en lo común. Y eso es lo que uno quiere: que lo que es la excepción y un ejemplo, tu no quieres que sea un referente alterno, tu quieres que se convierte en la norma. Y fíjate que nosotros lo aspiramos para el país pero lo construimos [desde nuestro] alcance, desde lo posible. En Casa Pueblo su fuente de energía primaria lo es el sol y la fuente alterna es la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Esas redefiniciones las tienes que hacer no es simplemente contextualizarlas, tienes que plantearlas y las tienes que hacer y la gente tiene que ver que funcionan.

Sin duda, pienso que el huracán María es un evento que nos ha cambiado. ¿Cuáles son las lecciones que nos deja María?

Lo que hace María es romper con la ilusión que predominaba del país y nos obliga a confrontar lo que es la realidad. Yo creo que se quitaron los espejismos porque Maria es un evento natural y por Puerto Rico han pasado decenas de huracanes. Pero los huracanes son un evento fundamental en los trópicos para enfriar el planeta y tienen su función de operación en lo macro del planeta. El problema es el desastre. No es que Maria mató a 4,000 personas. El desastre es que las medidas de austeridad tienen al país sin capacidad de responder; que tiene un sistema de electricidad obsoleto y completamente anticuado basado en la generación centralizada cuando existen otras opciones. Que sin proveer el servicio de energía no se podía atender el tema de salud. Pues eso son factores humanos y son los que provocan muerte. Que un país enfermo se enferme más. Aquí se habla de las muertes […] pero piensen cuánta gente estaba enferma; por ejemplo, los que eran prediabéticos, prehipertensos, con fallo renal, etc. Y esas son condiciones sistémicas que no se pueden curar. O sea que ahora tenemos una población más enferma, una población que emigra y provoca despoblación porque el país no les puede proveer lo básico. 

Yo creo que estamos viviendo el país crudo con todas sus contradicciones, con todos sus desbalances de poder, que está claro quien manda, donde está claramente establecido la agenda. Y no es para nosotros. La agenda no es para Puerto Rico. De todas esas ayudas que recibimos el 90% retorna a EEUU. Entonces no es una agenda de querer impactar y querer ayudar al país. Es una agenda de allá. Y creo que cuando tú buscas los modelos de cosas que funcionaron, al final del día terminas en proyectos sociales de gestión comunitaria de diferentes tipos. Unos más políticos y otros menos. Tienes gente que atiende el abuso a las mujeres como Matria, tienes el de Loíza y en Adjuntas. Gente que se organizó y que no se quedó esperando a FEMA o que eso le toca a lo público. Y tú tienes grupos emergentes como en el barrio Mariana de Humacao en el que la realidad les ha servido como un catalítico y una sacudida; y esto le da otro sentido a su organización social. En Casa Pueblo hemos tenido una respuesta intensa pero no por diseño. Nosotros no nos configuramos para manejar emergencias.

¿Pero estaban preparados?

Yo pienso que sí. Pienso que ahora estamos mejor preparados. Casa Pueblo pudo responder y articular a través de sus redes sociales, no me refiero al Twitter o Facebook, sino la verdadera [red]. Esas redes que se van construyendo con el quehacer y la historia de Casa Pueblo. [También con] la diáspora pudimos organizar una respuesta y ayudar a nuestra gente. Es porque estábamos organizamos. Porque hay una plataforma que actúa sobre lo cotidiano pretendiendo un cambio y que puede responder a un disturbio como el huracán. Tuvimos que responder a eso de manera humanitaria pero construyendo cambio. 

En el tema energético: nosotros no subimos postes y pusimos los mismos cables. ¿Pa’ reconstruir lo mismo? No. Estamos independizando al barbero para producir su energía y que la economía abarate sus servicios. Y el barbero es pobre pero genera un ahorro energético y eso le ayuda a enfrentar la realidad y la pobreza que es generalizada. Que hay otras consecuencias más allá del tema energético, o sea, la energía como un derecho y como forma de atender la salud. Pero también para atender el tema de la pobreza, de generar riqueza para la gente. En la medida en que ya tú no eres un consumidor y te conviertes en un productor rompiste la dependencia. Y esas es la tecnología que hay ahora, pero luego va a cambiar. No se trata de abrazar la tecnología, la finalidad [es alcanzar] la autosuficiencia. Y en la medida en que avance será mejor o más eficiente. Pero tiene que ir enfocado a romper  la dependencia donde la gente se convierte en productor y participa activamente en la agenda energética no como esclavo y víctima de unos modelos energéticos, sino ahora activamente en una forma que es más democrática porque es más participativa y las condiciones son diferentes. Ya yo no estoy subyugado a tí. Ahora yo puedo decidir romper con la utilidad pública y privada. Para mí es el modelo de la dependencia o la autosuficiencia energética. Si la podemos lograr con lo público pues lo logramos. Pero si lo público no puede, pues lo hacemos con lo privado. Lo importante es romper con esa dependencia y construir un modelo diferente.

Haz mencionado otras experiencias de autogestión, de ese poder social, como es la gente del barrio Mariana y de otros grupos con una agenda reivindicativa y feminista como Matria que fomentan una política del cuidado y la solidaridad. ¿Qué papel tiene el amor dentro de ese poder social? ¿Tiene el amor un significado político?

Se convierte en un centro igual que la felicidad que se deriva de luchar y hacer. Después del huracán nosotros somos felices porque nosotros estamos haciendo. Pero el amor es el punto de encuentro y creo que se convierte en un referente de precisamente aglutinar y se convierte en una fuerza. Para nosotros es una fuerza que nos motiva a hacer. Entonces es político porque yo creo que si tú quitas de la ecuación a los amores nuestros con la gente, el amor por la naturaleza, el amor que se manifiesta en la solidaridad para ayudar a otros. Si tú quitas el amor, pues no estaríamos allí. Sería una cosa mecánica. Y no, ese poder social es vivir. De lo que estamos hablando es de vivir. Y las esencias de la vida tienen que estar inscritas en lo que uno hace. 

Y así como hay amores hay grandes desamores. Porque hay que ser bien descorazonado. Hay que ser bien obtuso cuando te propones pasarle por encima a 35 especies en peligro de extinción. Y pasan un dia en la iglesia afirmando la creación y luego están al otro día firmando un papel que le pasan por encima a algo… y la [consecuencia] es irreversible. Tu tienes que estar bien descorazonado. La avaricia, el dinero y tu bienestar individual por encima del colectivo. Tú tienes que ser un infeliz para proponer cosas como esas. Quiere decir que tu estás descorazonado, que no tienes amores. Y parte del conflicto que el país vive es por esos desamores. 

Y quienes responden y defienden [y luchan] son gente que cuando tú los miras son los que tienen amores por su gente y su pueblo. Mira la respuesta ante el huracán María. Tienes la respuesta de la diáspora y la de FEMA. La de FEMA es administrativa, de gobierno. La diferencia con la diáspora es que ésta sufrió, lo vivió y lo vió. Pero tiene un amor y ese amor se convierte en un sentido de urgencia y eso se traduce en una respuesta que es diferente. O sea, que en lo práctico ese amor no fueron los españoles, los italianos o rusos sino los puertorriqueños que lo canalizaron. Claro que eso es una respuesta política. Y eso es un punto de encuentro y tiene que ser también respetado. 

La gente tiene diferentes maneras; querernos no significa que pensamos igual. Pero querernos es un punto de partida que permite juntarnos. Y eso tiene un valor político aún más grande porque puede ser un elemento base para juntarnos y proteger las aguas, las costas, para desarrollar autosuficiencia energética responsable ecológicamente, un desarrollo sustentable que beneficie la gente. Pues ahí hay muchos amores. Unos son visibles, son locales y están al frente; pero hay unos amores que son realmente el motor. Esos amores son los que constituyen a Casa Pueblo. Esos amores no desaparecen con uno. Son bien amplios, son diversos y son muy fuertes.

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