Apuntes sobre el estado de rebelión boricua y el poder constituyente

Por César J. Pérez Lizasuain

  1. El Estado de rebelión

1.1 La multitud puertorriqueña ha declarado un estado de rebelión que suspende el estado de excepción, el estado de derecho y el tiempo neoliberal/colonial criollo. Hoy, con Maquiavelo, la multitud es príncipe y soberana. Por eso en las pasadas noches la represión no ha hecho mella: la rebelión se basa en una renovada voluntad para vivir mientras que el proyecto de los de arriba es aquel de la segregación y la muerte. De ahí, más allá de la demanda que exige la renuncia de Ricardo Rosselló, que en realidad la rebelión boricua sea una lucha por salvaguardar los presentes y futuros medios para la subsistencia y reproducción de la vida; o lo que es lo mismo, una lucha por lo común.

1.2 El estado de rebelión es ese tiempo y espacio en el que el pueblo o la multitud recobra la soberanía originaria que había sido delegada a representantes y a una serie de instituciones que han dejado de obedecer al soberano; es decir al pueblo.

1.3 El estado de rebelión boricua lleva dos cargas: una negativa y otra positiva.

1.3.1 La primera es negativa porque niega el actual estado de cosas: no se trata solo de la insensibilidad de nuestros políticos, sino del ataque neoliberal despiadado que han lanzado éstos contra el pueblo: despojándonos de nuestra salud, de nuestros trabajos, de nuestra educación, de nuestras pensiones, de nuestras playas, de nuestros recursos naturales. ¡Hasta del derecho al ocio nos han pretendido despojar! No es para menos, los de arriba en realidad pretenden imponernos su tiempo: pretenden que nuestro tiempo esté dedicado única y exclusivamente a servirles mientras que con sus políticas hacen más pobres al 99% de los puertorriqueños. Por eso la gente común y rebelde se han tomado el tiempo para encontrarse en la calle, en las plazas, para ir a las entidades gubernamentales y sacar las fotos del gobernador. En el estado de rebelión el tiempo es nuestro, es común y no le pertenece a nadie; disponemos del mismo sin patronos o capataces.

1.3.2 La segunda carga es positiva, supera la negación inicial. Supera el grito del ¡Ya Basta! que ha inundado la Calle Fortaleza y las plazas públicas alrededor del país. ¡Los movimientos rebeldes también desean algo! Hay deseo y voluntad de poder en nuestros reclamos. El deseo de cambiar las circunstancias sociales que nos agobian, del interés privado y capitalista que hace dinero con nuestro dolor y precariedad. Como veremos, la sociabilidad vital  que es una multitud se traduce – parafraseando a Jodi Dean – en una expresión positiva de lo negativo.

1.4 ¿Por qué somos multitud? Comencemos por señalar el carácter diverso de los sujetos que componen las recientes manifestaciones. Trabajadores, estudiantes, pensionados, entre otros. Destaca la participación de la comunidad LGBTTQ, pero particularmente del sector cuir o queer. La politización de ese sector introduce una variación, que podríamos llamar ontológica o incluso biopolítica, a la performatividad del movimiento: la comunidad cuir trae consigo no la mera falacia liberal de la inclusión y tolerancia hacia al que se le considera como un otro-diferente desde los valores blancos, heteronormativos y occidentales. Sino que por el contrario viven y reafirman sus identidades como forma de vida. No aspiran a ser incluidxs o incluides pues viven reafirmando su singularidad

La racionalidad política cuir centra su existencia en la reproducción de la vida (amorosa, afectiva, corporal, creativa, autónoma); una vida no determinada necesariamente por los patrones de acumulación capitalistas. No hay mejor ejemplo para desmentir el cuento de aquellos cínicos que defienden la imposibilidad del cambio histórico y político cuando hay toda una comunidad que reafirma su singularidad como forma de vida retando las racionalidades hegemónicas sobre el género y la masculinidad. Usualmente la emergencia y politización de estos sectores – como sugiere Alain Badiou – son fuertes señales de que estamos presenciando un evento de ruptura y el inicio de una nueva secuencia histórica en nuestro país. En fin, somos multitud porque se va forjando un movimiento de movimientos.

Dicho esto, la multitud es también una forma específica de sociabilidad. Las congregaciones en las plazas, en las marchas multitudinarias y en las reuniones nocturnas de la Calle Fortaleza prevalecía la autoconvocatoria y la ausencia de “líderes” dirigiendo las manifestaciones. En más de una ocasión la policía y la prensa se mostraron confundidos a la hora de buscar los portavoces y/o organizadores de estos eventos. La multitud establece formas y modos de vinculación social en cuanto interrumpe e intercambia los valores tradicionales de los ritmos capitalistas, heteronormativos, raciales, jurídicos y jerárquicos por un conjunto de normas sociales cuyo epicentro es la libertad, la igualdad y la horizontalidad en la toma de decisiones colectivas. La forma multitud agrupa y no diluye en el lenguaje maniqueo de lo dual (de la nación,de lo fijo y de lo Uno) las diversas asociaciones que le componen. Al decir de Álvaro García Linera se trata de una “asociación de asociaciones” en donde coexisten un sinnúmero de identidades no irreducibles en torno a una “voluntad de acción conjunta”. La normatividad social de la multitud es dinámica, abierta y en muchas ocasiones contradictoria pues constantemente se las tiene que ver con el ancien régime o aquel sistema normativo que no tiene cabida dentro de la sociabilidad que se abre paso.

1.4.1 Los valores políticos que hacen posible la existencia de la multitud se pueden sintetizar en dos elementos: 1) El de la autonomía. Nuestra protesta caribeña es un carnaval que interrumpe la normalidad y celebra la anomalía. El carnaval es autónomo respecto al tiempo impuesto por las relaciones de producción capitalistas: en el estado de de rebelión empleamos el tiempo en una yoga colectiva, en un perreo frente a la Fortaleza, en un grajeo multitudinario en la Calle del Cristo, en las diversas expresiones artísticas con pinturas y performances, de consignas, memes y carteles. O el tiempo que se emplea en las caravanas motorizadas del Rey Charlie y tantas otras expresiones. Como dijéramos arriba, en el estado de rebelión y cuando somos multitud ¡el tiempo es nuestro! En esta autonomía rebelde, cuando nos encontramos en la calle para protestar, redescubrimos que el valor de uso de nuestro hacer y del trabajo como actividad social en realidad se desarrolla – como ha sugerido Toni Negri – fundamentalmente fuera de la lógica del capital. 

2) El segundo elemento es una especie de imaginario sobre la igualdad que se genera en el encuentro corporal y material en momentos de intensificación en una lucha política. El momento óptimo de este imaginario lo fue la histórica concentración del 22 de julio de 2019. Debemos entender que esta etapa en la cual el pegamento que nos mantiene juntos y juntes en la calle es ese imaginario de igualdad plena. 

Sin embargo el imaginario de igualdad plena sólo comprende un instante de una lucha política a largo plazo como lo es la nuestra. Las diferencias van aflorar y se nos presenta el problema de cómo organizarnos para imprimirle durabilidad al evento que nos ha congregado en estas semanas. Para regresar a la participación de la comunidad cuir en el estado de rebelión boricua, hay que recordar que la diferencia es un elemento constitutivo esencial dentro de la multitud: en realidad somos un entramado de diversos deseos, de cuerpos que llevan consigo diversos códigos para amar y gozar, múltiples formas de vivir el carnaval de la protesta, etc. Por eso como parte de nuestro deseo colectivo (una especie de deseo abigarrado) queremos otra realidad en donde quepan muchas realidades: ese deseo de la rebeldía, en la dimensión positiva descrita, busca el reconocimiento de la singularidad, el reconocimiento de otras formas de vida. ¡Juntes sí! ¡Pero es natural que tengamos diferencias! ¡Somos diferentes! Esta dimensión positiva, donde deseamos un país distinto, es en realidad una etapa de búsqueda, de investigación, para contestarnos: ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo nos organizamos para lograrlo? ¿Cómo organizar la rabia? ¿Cómo organizar la diversidad y la diferencia?

Nota 1: La singularidad no es sinónimo de individualidad. La singularidad señala una vitalidad que es irrepetible, que es única. Contrario al canon neoliberal y thatcheriano  sobre el individuo, la singularidad solo existe y se reafirma con el reconocimiento y vincularidad con el Otro-prójimo. La singularidad es siempre social y colectiva.

Nota 2: Para Toni Negri y Michael Hardt la multitud es un conjunto de singularidades.

1.5 Este es un momento difícil pues se pone a prueba nuestra fidelidad a aquellas demandas y deseos que nos han congregado para pedirle la renuncia al gobernador. Queremos refundar el país. Queremos que lo común triunfe sobre lo privado. Queremos más democracia y control sobre nuestras vidas. Repudiamos que otros que no nos representan decidan sobre cómo será nuestra vida.  Vendrán cantos de sirena y conocidos personajes para vendernos reformas que solamente maquillen las estructuras de gobierno pero que mantenga y proteja las mismas relaciones de poder que nos agobian. Intentarán lavarle la cara a la clase política del país pero los amos, ya sabemos, son otros: esa clase social del 1% intentará convencernos de que la revolución no es posible ni conveniente.

1.6 El antagonismo es un elemento fundamental en la lucha social y aflora en el estado de rebelión. Más allá de la noción romántica del llamado consenso, desde la óptica de la rebelión es el antagonismo el elemento que logra que nos encontremos en un espacio y nos identifiquemos con un “nosotros”. Si hay un “nosotros” necesariamente hay un “ellos”. El “ellos” es el enemigo a superar y derrotar. El “nosotros” somos los excluidos, o los “sin parte” como lo llama Jacques Rancière, del contrato neoliberal y colonial. Los y las estudiantes en 2010 y 2017 nos han recordado que los políticos que hoy queremos sacar en realidad son meros intermediarios pues el dinero ha cooptado la política. Los poderes de facto son los señores del dinero atrincherados en los sectores financieros, bancarios y corporativos tan bien representados hoy por la Junta de Control Fiscal.

1.7 A pesar de todo ese entusiasmo sobre la creatividad de nuestras luchas, que lo son, debemos comprender también que no estamos aislados del mundo ni de las circunstancias y las crisis que crea el sistema-mundo capitalista en todos los rincones del planeta. El estado de rebelión boricua no es un hecho aislado y único. En realidad somos parte de un entramado de revueltas a nivel internacional que se han venido registrando desde el 2011 y que de tales luchas se  han registrado unos patrones socio-políticos importantes que deberemos tomar en cuenta.

  1. El Poder Constituyente

2.1 Tradicionalmente los juristas anglosajones y europeos conciben este concepto como el punto culminante de una revolución: el momento en donde se intenta ordenar y fijar un sinnúmero de valores e intereses en una constitución legal; creando así un poder establecido, fijo, no dinámico y cerrado que tiene como fin terminar con la dinámica revolucionaria. Un poder establecido que dice reproducirse a sí mismo desvinculándose de su carácter esencialmente social. Enrique Dussel le llama “fetichismo del poder” a esta enajenación social del poder establecido que, a su vez, constituye la fuente primaria de la llamada corrupción (no legal sino sociológica).

2.2 Desde la óptica del estado de rebelión, sobre todo desde su dimensión positiva, el poder constituyente no es la culminación de la revolución; es en todo caso la continuación de ésta por otros medios. El poder constituyente es un proceso. Un proceso que ya la multitud boricua ha comenzado en estos días. Contrario a la versión anglosajona, el poder constituyente busca la creación de nuevas instituciones; pero éstas deberán ser dinámicas y abiertas, nunca limitadas. Como sugiere Toni Negri, el poder constituyente “tiene como regla fundamental ser cada día una invención colectiva de racionalidad y de libertad”. La congregación de nuestros cuerpos durante esta primera semana de rebelión ha sido una rica fuente de propuestas, de dejar ver cuáles son nuestros deseos, ha sido fuente de una nueva subjetividad política que expresa y practica libertad; por lo tanto se han dado un conjunto de relaciones sociales constitutivas que van creando un nuevo sentido común

2.3 El objetivo principal del poder constituyente es la refundación del país y la invención de nuevas instituciones alrededor de los paradigmas de la libertad y de lo común.

2.4 No hay utopía en el poder constituyente. El país que queremos lo llevamos practicando desde hace mucho tiempo. En los momentos de crisis, desde la autonomía comunitaria, en las huelgas universitarias, durante el 1 de mayo de los últimos años, en Vieques, cuando defendemos nuestras playas, cuando desde Peñuelas hombres y mujeres han puesto sus voluntades y cuerpos para decirle NO al vertedero de cenizas, cuando desde Adjuntas le dijimos NO al gasoducto de la muerte o, incluso, cuando hastiados nos negamos a ir al mismo tedioso trabajo de todos los días pues se ha convertido en un espacio donde el trabajador y trabajadora ha sido desprovisto de sus más mínimos derechos. El poder constituyente no es sólo fuente de nueva legalidad; en realidad, y de aquí su potencia, es fuente de una nueva subjetividad política que privilegia lo común sobre lo privado. 

2.4.1 El poder constituyente es un proceso radicalmente democrático y que se expresa desde abajo. Sobre todo va fijando desde lo social, desde el estado de rebelión y desde la misma inestabilidad que le funda, diversos sistemas y modos organizativos que surgen de los movimientos que le dan vida y que, a su vez, van trazando un horizonte institucional alternativo. Parafraseando a la intelectual y exguerrillera mexicana Raquel Gutiérrez,  las luchas que comprenden el poder constituyente “…buscan trastocar y subvertir lo que está fijo e inamovible” poniendo en el centro de la ecuación la aspiración democrática de reapropiarnos “…del tiempo y de los medios de la existencia, hasta los llamados recursos naturales y todo tipo de riqueza social objetivada”.  

2.4.2 Las luchas son el elemento central del poder constituyente. Sugiere Gutiérrez que se da en nuestras luchas una especie de horizonte interior. Con ello la autora se refiere a las propuestas que las luchas colectivas van realizando, y que han propuesto desde hace mucho tiempo, con sus acciones y sus palabras. Esas luchas reflejan momentos específicos y las propuestas no son siempre coherentes. Pero no hay nada escrito en piedra y mucho menos preestablecido. El poder constituyente enfrenta las contradicciones y todo aquello que no sepamos, o que ignoremos, lo deberemos dilucidar desde la misma lucha que llevamos en común. En realidad se trata – sugiere la autora – de reconocer un conjunto de saberes colectivos y cooperativos que han nacido de nuestras luchas cotidianas y que retan los poderes y entendidos establecidos.

2.5 El poder constituyente reconoce otros horizontes. En nuestro caso hay al menos dos: el horizonte del capitalismo colonial y el horizonte comunitario. En ambos horizontes entra con toda su contundencia el problema de la soberanía. De las luchas recientes se desprende que la soberanía no es singular; al contrario, debemos rechazar la vieja noción que identifica exclusivamente la soberanía con el Estado y la nación. Hablamos de soberanías en plural: la soberanía alimentaria, la popular, la energética, la comunitaria y también la nacional. El poder constituyente las hace suyas y las asume como demandas políticas y proyectos de futuro.

2.6 Fue Filiberto Ojeda Ríos quien sugirió, poco antes de su desaparición física, que deberemos superar la idea que desde hace décadas se propone para celebrar una Asamblea Constitucional de Status y comenzar a pensar en una Asamblea Constituyente para refundar el país. Por aquello de fijar nuestra mirada en esos horizontes internos que mencionamos arriba, hay que aclarar de que no se trata de una propuesta esotérica ni meramente teórica: los movimientos estudiantiles de 2010 y 2017 lo llevaron a la práctica cuando asumieron a los plenos o asambleas como su principal medio convivencial y de lucha. Por su parte, insistía Betances que la soberanía es aquella que se ejerce. Una Asamblea Constituyente es el ejercicio pleno de la soberanía como pueblo y desde la cual podremos dilucidar el alcance de esas otras soberanías que en conjunto componen un tercer horizonte: el de la libertad.

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